Apostillas a «El Libro flotante»
Quito, Ecuador
Nadie lanza un libro al agua… Nadie. Nunca. Jamás.
Leonado Valencia, El libro flotante
Nadie lanza un libro al agua… Nadie. Nunca. Jamás.
Leonado Valencia, El libro flotante
Sirios y libios huyen de la muerte.
¿Qué hay detrás de los pájaros? ¿Un deseo que se posterga mientras ataca las hiedes de la soledad? ¿Quizá un canto que nace de las aguas fermentadas en olvido?… ¿Tal vez niños jugueteando con el pasado en las manos de tierra? Todo esto parece decirnos el poeta del mar Luis Franco González.
Los dictadores ya no son militares; ahora, la mayoría son civiles y llegan al poder a través del voto popular, logran seducir a sus pueblos y los convencen de que son sus salvadores y que están para redimirlos, de esa forma se perpetúan en el poder.
Ahora comprendo mejor al alemán Alexander von Humboldt cuando dijo, en su viaje a Ecuador, en 1802: “Los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes…”
He tenido la oportunidad de hablar con personas de distintos perfiles, leer noticias de diferentes medios y perspectivas, entre otras interacciones, con el objetivo de observar el entorno.
El milagro ecuatoriano le llamaron algunos, muchos, quizás demasiados.
Llegó a su casa al final de la tarde, cansada de trabajar en una agencia inmobiliaria, se desplomó en la cama y encendió el televisor para enterarse de que se había descubierto un nuevo caso de corrupción.
Durante las últimas semanas hemos escuchado al presidente repetidamente decir lo difícil que es no tener política monetaria y cómo el dólar nos complica la vida.
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