#NoalVotoElectronico, un hashtag contra la «falsa modernidad» electoral

No se puede «reemplazar un proceso de decisión política con apretar un botón», advierte la argentina Delia Ferreira, directora de Transparencia Internacional (TI) y experta en sistemas electorales, abanderada del hashtag #NoalVotoElectronico.

«No hay objeción alguna a la incorporación de tecnologías en otras partes del proceso, como la transmisión de datos. No para el momento en que el elector deposita su voto. Ahí debe haber garantía absoluta del secreto de su voto», sostiene Ferreira, en entrevista con Efe.

Es un momento de alta «vulnerabilidad», en que los fallos son «difícilmente detectables» y «susceptibles de ser utilizados por un político», prosigue Ferreira, acerca de una modalidad de voto que considera «falsamente identificada con la modernidad y el progreso».

Para Ferreira, «la innovación tecnológica puede subsanar antiguas posibilidades de fraude, digamos. Pero puede generar posibilidades de fraude nuevas, de dimensiones mucho mayores, hasta alterar completamente un proceso electoral».

El voto electrónico empezó a experimentarse en diferentes partes del mundo a finales de los 60. Desde entonces se ha consolidado en países como Venezuela y los superpoblados la India y Brasil.

Estonia, con un millón de electores, se ha aplicado con pasión al desarrollo de estas tecnologías, incluido el voto online. El llamado ‘i-voting’ es un orgullo nacional en esta pequeña república báltica, cuyo estado ha invertido fuertemente en ciberseguridad.

Otras democracias avanzadas europeas que empezaron a desarrollarlo volvieron al papel tras constatar su vulnerabilidad. Ese fue el caso de Holanda, que lo introdujo en 1965 y regresó a su tradicional lápiz rojo en 2008.

Ferreira alude al caso de Alemania, donde en las generales de 2005 se habilitaron urnas electrónicas para dos millones de electores -del total de 61 del país-, cuyo uso frenó luego el Tribunal Constitucional.

«La Corte alemana consideró que cualquier ciudadano, sin importar sus conocimientos técnicos, debe poder entender cómo funciona su sistema electoral», recuerda Ferreira. Todo ciudadano tiene que poder verificar el correcto funcionamiento del proceso, algo que la urna electrónica no permite.

Para Ferreira es especialmente relevante lo ocurrido en su país, Argentina, donde a punto estuvo de implantarse el voto electrónico a escala nacional, enmarcado en una reforma electoral.

«El proyecto de ley pasó por diputados en 2016 gracias a una maniobra muy inteligente, consistente en presentarlo junto a la ley de paridad de género», sostiene.

El paquete legislativo logró la aprobación gracias el «entusiasmo de mujeres diputadas», que lo respaldaron pese a que algunas estaban en contra. En ese momento primaba el interés por la ley de paridad de género.

Fue por entonces cuando nació el citado hashtag, impulsado desde las redes sociales por expertos, informáticos y activistas. «Sin plata y sin conocernos personalmente llegamos a ser ‘topic’ en el momento álgido de su campaña», afirma.

El proyecto de ley quedó bloqueado en el Senado -por el rechazo de kirchneristas y peronistas-; «caducó» así sin superar el trámite parlamentario, lo que cerró la puerta a su implementación nacional.

Actualmente solo se usa el voto electrónico a escala de comicios provinciales en Salta o en locales de ciudad de Buenos Aires. En las elecciones presidenciales del 27 de octubre no habrá voto electrónico a ninguna escala, nacional o local.

«Somos un grupo multipartidista, ni siquiera nos conocíamos personalmente cuando empezamos a impulsar el hashtag», afirma, respecto a su oposición a una reforma electoral que tomó forma bajo el gobierno del presidente Mauricio Macri.

Ferreira, quien dirigió Poder Ciudadano entre 2008 y 2020 y está al frente de TI desde 2017, separa su actividad contra el voto electrónico de su tarea en esa ONG con sede en Berlín y que anualmente emite su Índice de Percepción de la Corrupción.

Experta en procesos electorales desde hace 40 años –«desde el inicio de la democracia en Argentina», dice-, defiende que su actividad contra el voto electrónico discurre al margen de su tarea en TI, con 100 capítulos o delegaciones nacionales en todo el mundo.

«Dejo muy claro en mi cuenta en twitter que es una iniciativa personal», enfatiza. Y añade, sin reparos, que cuando se reunió por primera vez con Macri, ya como presidenta de TI, le lanzó su «mensaje» contra el voto electrónico.

«Le conozco de antes de trabajar en Transparencia. Todo el mundo del ámbito electoral sabe de mi opinión, no fue una sorpresa», sostiene. EFE

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