Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Raúl Baca Carbo (1931-2014)

Por Carlos Jijón

Fue sin duda uno de los más destacados políticos de la generación que condujo al Ecuador durante el retorno a la democracia en los últimos años de la década de los setenta y toda la de los ochenta. Raúl Baca Carbo, un símbolo de la caballerosidad, el diálogo y el consenso, murió el miércoles en Quito, a la edad de 83 años.

Por Carlos Jijón


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Fue sin duda uno de los más destacados políticos de la generación que condujo al Ecuador durante el retorno a la democracia en los últimos años de la década de los setenta y toda la de los ochenta. Raúl Baca Carbo, un símbolo de la caballerosidad, el diálogo y el consenso, murió el miércoles en Quito, a la edad de 83 años.  Llevaba días internado en el hospital Metropolitano.

Hombre de otro tiempo, prototipo del hombre de Estado, civilizado y tolerante, perteneciente a la generación que sacó al Ecuador de la dictadura militar, Raúl Baca estuvo afiliado a la Izquierda Democrática y fue uno de sus líderes históricos junto al expresidente Rodrigo Borja.

Su origen, sin embargo, era controvertido. De profesión ingeniero, joven tecnócráta de centro izquierda, había sido escogido a dedo por la dictadura del triunvirato militar para desempeñar la alcaldía de Guayaquil, cuyo último alcalde legítimo, Francisco Huerta Montalvo, había sido destituido en 1970 por el Presidente Velasco Ibarra cuando se declaró dictador, dos años antes que los militares tomaran el poder.

Su carisma, dado al diálogo y a la tolerancia, y sobre todo su cercanía a los sectores sociales, hicieron de su paso por la alcaldía una catapulta para que, cuando empezó el proceso de retorno, Baca ingrese al partido Izquierda Democrática que impulsaba Rodrigo Borja, entonces un joven que acababa de abandonar el Partido Liberal.

Baca fue candidato a la vicepresidencia de la República, en binomio con Rodrigo Borja, en las elecciones de 1978 que ganó Jaime Roldós, en medio de la avalancha del triunfo populista del cefepismo de don Assad Bucaram. Borja y Baca quedaron cuartos. Y de inmediato anunciaron su apoyo a la candidatura de segunda vuelta de Jaime Roldós y se postularon para la nueva Cámara Nacional de Representantes, el antiguo Congreso Nacional, que la dictadura había suspendido durante una década.

Roldós había ganado las elecciones presidenciales con el mayor bloque legislativo aunque sin lograr la mayoría, y muy pronto iba a enfrentarse con el máximo dirigente de su partido que además era su tío. Roldós era un joven de buenas maneras. Bucaram había sido descrito por Carlos Julio Arosemena Monroy como “un matón colosal”. Esa pugna dio a Baca la oportunidad para erigirse en uno de los principales protagonistas del centro-izquierda cuando Bucaram no dudó, para acorralar a Roldós, en pactar con sus antiguos enemigos: los dirigentes de derecha a los que había combatido (y a los que el periodista Alfredo Pinoargote describía como “los patriarcas de la componenda”).

Borja y Baca se alinearon con el Presidente Roldós y su Fuerza del Cambio.

Así, en 1980, encabezando la Convergencia Democrática, Raúl Baca Carbo iba a enfrentar a uno de los líderes de la derecha, el eminente Raúl Clemente Huerta, por la Presidencia de la entonces Cámara Nacional de Representantes, en un esfuerzo por dar a Roldós no solo un espacio de gobernabilidad sino, sobretodo, apoyo a su proyecto de reformas sociales. Baca ganó, y repitió la fórmula al año siguiente, derrotando entonces a Carlos Julio Arosemena Monroy, expresidente de la República e ícono de las familias patricias de la derecha de Guayaquil.

Raúl Baca con Rodrigo Borja, durante la campaña de 1978.

Raúl Baca con Rodrigo Borja, durante la campaña de 1978. Foto de El Comercio

De pronto, en medio de la titánica pugna de poderes, Jaime Roldós y Assad Bucaram murieron, de manera inesperada, en distintos meses de 1981, y el escenario varió sustancialmente. Entonces, el enfrentamiento entre el centro-izquierda y la derecha se enfocó en la carrera entre Rodrigo Borja y León Febres Cordero por la Presidencia de la República para las elecciones de 1984. Ganó el segundo. Y Raúl Baca, reelegido diputado, y en nombre de las fuerzas del centro a la izquierda, agrupadas en el Bloque Progresista, obtuvo por tercera vez la Presidencia del Congreso Nacional.

Su discurso durante la posesión de Febres Cordero fue notable por el enfrentamiento que planteó. “Vamos a gobernar desde la oposición”, dijo. En los días siguientes, la mayoría progresista del Congreso Nacional reorganizó la Corte Suprema de Justicia y designó a los principales funcionarios de control. Febres Cordero dio guerra, y llegó a enviar tanquetas policiales para impedir que los nuevos magistrados se posesionen. En el momento más crítico de la pugna, y cuando la institucionalidad pareció a punto de romperse, Baca accedió a negociar. Se llegó a una solución de consenso y los diputados nombraron una nueva Corte.

10 de agosto de 1984. El presidente del Congreso Nacional pone la banda presidencial al Presidente electo, León Febres Cordero.

10 de agosto de 1984. El presidente del Congreso Nacional pone la banda presidencial al Presidente electo, León Febres Cordero.

El protagonismo en la oposición a Febres Cordero dio entonces a Baca el volumen necesario para disputar a Borja la candidatura para la presidencia de la República por la Izquierda Democrática. Contrario a lo que hoy pudiera suponerse, su pretensión no destruyó el partido ni enemistó a los dos hombres y la crisis se resolvió mediante una elección primaria que ganó Borja. Baca ni se desafilió de la Izquierda Democrática ni se fue a la oposición cuando Borja llegó a la Presidencia. En cambio, fue ministro de Bienestar Social y el candidato de la ID en la contienda presidencial de 1992, que ganó Sixto Durán Ballén. Baca, otra vez, quedó cuarto.

Tampoco se acabó su vida política. En 1994 y 1996 llegó nuevamente al Congreso Nacional y formó parte de la oposición al gobierno de Abdalá Bucaram. Formó también parte del Ejecutivo cuando Bucaram fue derrocado, y el entonces Presidente del Congreso, Fabián Alarcón asumió la presidencia interina y nombró a Baca su Ministro de Energía. Más de década y media después, Raúl Baca Carbo se había convertido en uno de los nuevos patriarcas de la componenda.

Lo había hecho desde la escena democrática. Había ayudado a consolidar el gobierno de Jaime Roldós y formado parte del de Rodrigo Borja.  Había combatido al de Febres Cordero y se había subido a la camioneta que derrocó a Bucaram. Nunca había usado el poder para perseguir a sus enemigos y no se recuerda que haya insultado a nadie. Tampoco fue acusado nunca de haberse enriquecido en el ejercicio del mando. Lo recuerdo entonces, disminuido, por un cáncer a la lengua que logró superar. Su vocación por el poder lo llevó a aceptar luego el ministerio de Gobierno durante el régimen de Lucio Gutiérrez.

No le fue bien. Parecía convencido de poder lograr un acercamiento entre Gutiérrez y Febres Cordero, devenido en “dueño del país” (según lo había bautizado el expresidente de la Corte Suprema Carlos Solórzano) por su influencia en la Corte Suprema de Justicia. No lo logró, y fue reemplazado por Jaime Damerval, enemigo jurado de Febres Cordero. Poco después de la salida de Baca, la crisis se precipitó y Gutiérrez fue derrocado.

Baca no regresó al poder. Discreto, pasó su última década en un retiro sencillo y silencioso. Sus modos de caballero, y sus esfuerzos democráticos por llegar a consensos, parecen ya parte de un remoto y vilipendiado pasado.

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Foto principal, de El Comercio.

El ministro de Gobierno Raúl Baca Carbo con el Presidente Lucio Gutiérrez.

El ministro de Gobierno Raúl Baca Carbo con el Presidente Lucio Gutiérrez.