Desde que Washington firmó un acuerdo con la República Democrática del Congo como un «tercer país seguro», la llegada de migrantes deportados empezaron a llegar, entre ellos ecuatorianos. El miedo se apoderró de ellos al instante y piden a las autoridadses volver a Ecuador ya que tampoco quieren quedarse en Estados Unidos.
Tres ecuatorianos permanecen en la República Democrática del Congo tras ser deportados desde Estados Unidos el 17 de abril de 2026. A su llegada al país africano, los ciudadanos relataron a Teleamazonas su situación y aseguraron que el traslado no fue voluntario.
Cancillería precisó que uno de los migrantes habría expresado su intención de no regresar a Ecuador, por lo que fue enviado a un tercer país en el marco de acuerdos que mantiene Estados Unidos para recibir ciudadanos deportados. Bajo ese mismo mecanismo, otros dos ecuatorianos también fueron trasladados al Congo.
Sin embargo, al poco tiempo, cambiaron de opinión y quieren volver al país. «Yo les pedí que me deporten a mi país. Los tres estamos aquí involuntariamente. Los tres queremos regresar a Ecuador», indicó uno de los migrantes.
Entre los tres ecuatorianos se encuentra un hombre de 60 años, oriundo de Azogues, quien también aseguró que no firmó ningún documento para autorizar su traslado. Además, enfrenta un problema con su cédula de identidad, ya que en Ecuador consta como fallecido, lo que complica su situación.
Reconocen lo lógico, la situación de seguridad en el Congo es mucho más compleja que la que se vive en Ecuador. «Con todo lo que me ha tocado vivir en Estados Unidos, no quiero volver. Más miedo tengo de volver a Estados Unidos que ir a Ecuador», precisó otro migrante
Sitaución de otros migrantes
“No quería ir al Congo. Tengo miedo, no conozco el idioma”, afirma Gabriela, una colombiana de 30 años que forma parte del grupo de solicitantes de asilo rechazados por Estados Unidos y que llegaron tras 27 horas de vuelo, esposados de manos y pies.
Solo conocieron su destino pocos días antes de su expulsión: un país del centro de África, de los más pobres del mundo, a miles de kilómetros del continente americano.
La República Democrática del Congo recibió el viernes pasado, por primera vez, a migrantes deportados de Estados Unidos.
Pasa a engrosar la lista de países africanos, entre ellos Camerún, Guinea Ecuatorial, Eswatini, Ghana, Ruanda y Sudán del Sur, que en los últimos meses han aceptado participar en el polémico plan de Washington para enviar a extranjeros indocumentados a terceros países.
Aunque el plan tiene el apoyo financiero y logístico de Estados Unidos, las autoridades de los países de acogida ofrecen muy poca información sobre el destino de los migrantes una vez en su territorio
Desde su llegada a Kinshasa, una megalópolis de más de 17 millones de habitantes, los 15 latinoamericanos viven en un complejo a pocos kilómetros del aeropuerto de llegada.
Duermen en pequeñas casas de paredes blancas, unas junto a otras. Tienen prohibido abandonar el recinto y no se les permiten visitas.
Varios vehículos de la policía y el ejército están estacionados en el aparcamiento exterior, donde a veces se ve a personal de una empresa militar privada que la AFP no pudo identificar.
Problemas con el idioma y duras condiciones
Se pasan el día pegados a sus teléfonos móviles intentando contactar con sus familias.
Ninguno habla francés, el idioma oficial del país, y cada uno dice haber recibido 100 dólares de parte de la OIM.
«Varios de nuestros amigos han enfermado, al igual que yo», dice Gabriela. «Hemos tenido fiebre, vómitos y problemas de estómago. Pero nos dicen que es normal y que debemos adaptarnos».
A algunos les han dado medicamentos, pero Gabriela asegura que ningún trabajador sanitario vino a examinarlos.»Me dan tres comidas al día, el personal del hotel limpia las habitaciones y estamos bien protegidos«, cuenta Hugo Palencia Ropero, un colombiano de 25 años que afirma haber pasado cinco meses detenido en Estados Unidos antes de ser deportado.
Pero está muy preocupado por su futuro.
«Tengo más miedo de estar aquí en África que en Colombia (…) Si pasan los siete días y no recibimos más ayuda, las cosas se pondrán muy difíciles para nosotros, sobre todo porque no tenemos permisos de trabajo»
Por eso dice estar dispuesto a aceptar «cualquier documento de viaje” con tal de “poder salir de este país».
- Con textos de EFE
