Ha muerto Mario Ribadeneira, el empresario más influyente de Quito de las últimas décadas

El empresario Mario Ribadeneira, en. una foto de la década de los ochenta.

El empresario Mario Ribadeneira Traversari, destacado empresario y servidor público, uno de los personajes más influyentes de Quito durante el últtimo medio siglo, ha muerto, según se ha confirmado este 3 de septiembre de 2026.

Cabeza del Grupo Morisaenz, un conglomerado especializado en la representación y distribución de vehículos y maquinaria pesada, y nacido en Quito en una familia de tradición empresarial, Ribadeneira Traversari construyó un sólido perfil como dirigente gremial y ejecutivo, participando en juntas directivas de compañías clave y promoviendo alianzas público-privadas que buscaban modernizar la infraestructura productiva del Ecuador.

Su nombre quedó asociado a proyectos de inversión, comercio exterior y fortalecimiento institucional, siempre con un estilo discreto y orientado a resultados.

Empezó la función pública en 1984 como embajador del Ecuador en Washington durante el gobierno del presidente León Febres Cordero, cargo en el que permaneció los cuatro años que duró el mandato.

Su mayor visibilidad llegó durante la administración del presidente Sixto Durán Ballén, cuando fue llamado a integrar el gabinete ministerial en el ministerio de Finanzas. Cercano al entonces vicepresidente Alberto Dahik, fue un ministro técnico, impulsor de reformas orientadas a la estabilidad macroeconómica y la atracción de capitales.

En sus conversaciones con Pablo Lucio Paredes, que sirvió como presidenre del CONADE en el mismo Gobierno (publicados por Ecuador Debate) comentan la importancia que dieron a la reforma del aparato institucional del Ecuador a principios de los años noventa, sobre la premisa básica de que el Estado, debe hacer una transferencia de responsabilidades al sector privado.

También, comentan los problemas de gobernabilidad que conlleva tener un gobierno tan grande, sobre todo en el tema de las responsabilidades económicas y la lucha por los recursos escasos. Y concluyen que la reducción del Estado contribuye también a una disminución de todo este juego de intereses, llevándolos más al campo ideológico.

Para 1994 logra renegociar la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional y llega a un acuerdo Brady con el comité de acreedores, por alrededor de US$7.300 millones de dólares entre capital e intereses vencidos, lo que desembocó en una reprogramación con el Club de París a mediados de ese año.

Tras dejar la función pública, retornó al mundo empresarial, donde continuó ejerciendo influencia como consejero y mentor de nuevas generaciones de líderes corporativos e incluso políticos.

En 1997 fue uno de los impulsores de lo que se conoció como los «Diálogos de Cusín», en la que participaron los líderes políticos e intelectuales más importantes del Ecuador, desde el líder socialcristiano Jaime Nebot, hasta la dirigencia de Pachakutik, que desembocó en la Asamblea Nacional Constituyente de 1998, que presidió Osvaldo Hurtado, y expidió la Constitución de 1998, que rigió el país durante una década, hasta su reemplazo por la Constitución de Montecristi.

Perseguido por el Gobierno del presidente Rafael Correa, en cuyo gobierno se instigó una indagación fiscal por la renegociación de la deuda durante Durán Ballén, Ribadeneira prefirió residir en Miami, aunque retornó a vivir en Quito durante la última década. En 2016, seguía vigente, y su nombre aparece en una lista de cien ecuatorianos que piden al entonces dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, que respete los resultados de las elecciones presidenciales.

Quienes lo trataron destacan su capacidad de negociación, su respeto por la palabra dada y su preferencia por el trabajo tras bambalinas, lejos del protagonismo mediático.

Mario Ribadeneira Traversari falleció a los 93 años. Su partida cierra un capítulo relevante de la historia económica y política ecuatoriana de las últimas cinco décadas, en la que combinó gestión pública y liderazgo privado con un enfoque desarrollista. Un hombre de Estado en el mejor sentido: leal a sus principios, exigente consigo mismo y convencido de que el progreso del país se construye con instituciones fuertes y empresarios responsables.

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