Por René Betancourt
Quito, Ecuador
Esta victoria puede incomodar a más de uno. Lo que no puede hacerse es llamar análisis político a la incapacidad de digerirla.
En apenas tres semanas, Luiz Inácio Lula da Silva pasó del 45,16 % al 51,79 % de los votos y convirtió una desventaja de aproximadamente 1,9 puntos frente a Flávio Bolsonaro, que lideraba las encuestas, en una victoria por casi 3,6 puntos. Su adversario sumó unos 3,7 millones de votos adicionales frente a los cerca de 10,4 millones que incorporó Lula, un crecimiento de aproximadamente el 19 %. La magnitud del vuelco es brutal: los casi tres millones de votantes adicionales no bastan para explicar el avance de Lula, que combinó la movilización de sus simpatizantes con la conquista de apoyos entre quienes no lo habían elegido en la primera vuelta.
El niño que vendía en la calle cumple hoy, 27 de octubre de 2026, 81 años con un cuarto mandato recién conquistado en la mayor democracia de América Latina y una de las más grandes del mundo. Nadie había logrado esa hazaña, que lo mantendrá en la presidencia hasta 2031, tras gobernar entre 2003 y 2011 y regresar al poder en 2023. Séptimo de ocho hijos de dos campesinos analfabetos, Lula fue limpiabotas y tornero mecánico, perdió un dedo en una fábrica en 1964 y, más de medio siglo después, pasó casi dos años preso. Pero ni la adversidad ni la longevidad bastan para explicar esta victoria, que exige examinar nueve factores de estrategia, movilización y disputa política.
1. La derrota inicial sacudió la complacencia
La primera vuelta expuso la complacencia de una campaña que parecía confundir reconocimiento con votos y memoria de gobierno con lealtad garantizada. La amenaza de derrota obligó a reforzar la organización territorial para persuadir a los indecisos y movilizar a los simpatizantes que se habían abstenido, especialmente entre los sectores de menores ingresos. Esa urgencia reunió a jóvenes y personas mayores en redes de apoyo y actividades públicas, y tuvo una de sus expresiones más visibles en la concentración de Copacabana, a la que se atribuyó una asistencia cercana a 1.5 millones de personas.
2. El bolsillo y el trabajo marcaron la agenda
Con casi 84 millones de personas atrasadas en sus pagos, el Gobierno no podía esperar gratitud electoral por una recuperación que muchas familias todavía no sentían en el bolsillo. Lula respondió con propuestas de ayuda monetaria, renegociación de deudas, alivio tributario y apoyo a microemprendedores, además de transporte gratuito los fines de semana y medidas contra las apuestas en línea. Lula podía respaldar sus promesas con medidas de sus gobiernos anteriores, como Bolsa Família, el programa de transferencias monetarias a familias de bajos ingresos, y los aumentos del salario mínimo. Ese antecedente hacía más creíble su compromiso de aliviar las dificultades económicas de los hogares.
El 16 de octubre, nueve días antes del balotaje, el Congreso promulgó la enmienda que elimina el régimen de seis días de trabajo y uno de descanso y garantiza dos días de descanso semanal. Más tiempo para descansar, cuidar y compartir con la familia era una mejora concreta que podía favorecer a Lula, al permitirle vincular su trayectoria sindical con una conquista reciente.
3. La defensa de la democracia amplió los apoyos
La posibilidad de que Flávio Bolsonaro llegara a la presidencia y devolviera al poder al movimiento político de su padre, Jair Bolsonaro, permitió a Lula atraer a electores que mantenían reservas sobre su gestión. Los enfrentamientos del bolsonarismo con las instituciones llevaron a esos votantes a considerar la defensa de la democracia como una razón para respaldar a Lula, aunque no compartieran su programa. De hecho, Lula ya había recibido apoyos de antiguos adversarios en 2022, cuando Geraldo Alckmin, quien había competido contra él por la presidencia, se convirtió en su candidato a vicepresidente, y el expresidente Fernando Henrique Cardoso respaldó su candidatura.
4. Lula se acercó a votantes conservadores
Lula mostró disposición a apartarse de las posiciones habituales de la izquierda en materia de seguridad al apoyar que los adolescentes pudieran ser juzgados penalmente desde los dieciséis años por delitos especialmente graves. Con ello reconocía la demanda de respuestas más severas frente a la delincuencia. Esa postura podía reducir las reservas de votantes conservadores que valoraban sus políticas sociales, pero desconfiaban de su respuesta al crimen, y facilitar su acercamiento a la candidatura.
5. La defensa de la soberanía amplió el alcance del mensaje de Lula
Las presiones de Estados Unidos sobre Brasil trascendían las disputas comerciales y planteaban una cuestión de autonomía política. Lula respondió ante la Asamblea General de la ONU, el 22 de septiembre de 2026, con una afirmación contundente: «O Brasil não cabe no quintal de ninguém» («Brasil no cabe en el patio trasero de nadie»). Al rechazar la injerencia extranjera en los procesos políticos y electorales, podía atraer a votantes que discrepaban de su gestión, pero defendían el derecho del país a decidir su propio rumbo. Los vínculos de la familia Bolsonaro con Donald Trump dejaban a Flávio ante una contradicción incómoda: responder a las presiones estadounidenses podía exigirle confrontar a un aliado; evitar esa confrontación facilitaba que Lula se apropiara de la defensa de la soberanía. El presidente combinó firmeza y disposición a negociar para presentar los intereses brasileños como una causa compartida más allá de la izquierda.
6. Lula recuperó terreno en las redes
En la primera vuelta, la escasa atención a las redes sociales y la dependencia de formas tradicionales de comunicación limitaron la capacidad de la campaña de Lula para disputar la conversación digital con Bolsonaro. A esa debilidad se sumaron denuncias de un trato favorable a su adversario en Facebook e Instagram, plataformas de Meta. La empresa negó favorecer deliberadamente a un candidato, aunque reconoció que algunos anuncios del oficialismo habían sido desactivados por errores técnicos.
Tras la derrota inicial, creadores de contenido, comunidades digitales y simpatizantes multiplicaron las publicaciones favorables a Lula en Instagram y TikTok, apoyados en la coordinación mediante WhatsApp. El canal «El ejército de Lula», que habría pasado de unos 50.000 a casi once millones de seguidores, distribuyó mensajes e instrucciones para compartir contenidos. La percepción de competir en condiciones desiguales tuvo un efecto rebote y estimuló la participación en redes, alimentada también por el riesgo de derrota.
7. Los debates expusieron las contradicciones de Bolsonaro
Tras un primer debate de segunda vuelta dominado por ataques personales, el segundo permitió confrontar con mayor detalle las propuestas. En materia de protección social, Flávio Bolsonaro terminó respaldando la continuidad de políticas defendidas por el presidente y rectificando su rechazo a la ampliación de la licencia por maternidad. Lula lo obligó a justificar por qué ahora apoyaba lo que antes había rechazado.
En ese último encuentro, la burla de Bolsonaro sobre el dedo que Lula perdió en una fábrica permitió al presidente reivindicar su origen obrero y la dignidad del trabajo. Lula también lo cuestionó por defender a un policía acusado de matar a Ana Clara, una niña de cinco años, cuya madre estaba presente en el estudio. La respuesta del senador puso a prueba su empatía hacia las víctimas y desplazó la discusión desde la severidad de las penas hacia la responsabilidad policial. La moderación que pretendía exhibir tropezaba con su propio comportamiento. La circulación posterior de esos fragmentos en redes sociales y servicios de mensajería extendió el alcance de la confrontación más allá de la audiencia televisiva.
8. A Bolsonaro no le bastó el apellido
La ventaja obtenida en la primera vuelta pudo alimentar un exceso de confianza en la campaña de Flávio Bolsonaro, mientras la derrota inicial imprimía urgencia a la de Lula. Esa diferencia de actitud podía dificultar la respuesta de Bolsonaro a la iniciativa de su adversario. Flávio carecía del carisma de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y dependía esencialmente del apellido familiar. Ese reconocimiento le proporcionaba una base electoral, pero podía resultar insuficiente para atraer nuevos votantes sin construir un atractivo propio.
9. Lula defendió su bastión y amplió el mapa
La derrota inicial no desarticuló el apoyo de Lula en el nordeste, sostenido por su trayectoria personal y el recuerdo de las políticas sociales de sus primeros gobiernos. Ganó los nueve estados de la región y sumó allí aproximadamente tres millones de votos entre ambas vueltas. Pero la fidelidad de su principal bastión no bastaba para ganar. En el sudeste, revirtió su desventaja en Minas Gerais y ganó en las ciudades de São Paulo y Río de Janeiro, aunque Bolsonaro conservó la mayoría en el conjunto de estos dos últimos estados. Lula consiguió defender su base y disputar apoyo fuera de ella.
Lula ganó cuando su campaña dejó de tratar el respaldo popular como una herencia y volvió a disputarlo. Supo corregir, movilizar y ofrecer razones para votarlo a quienes no estaban convencidos. Esa capacidad explica la fuerza de su victoria, pero también contiene una advertencia para el próximo mandato. Las deudas, la inseguridad y el malestar que hicieron peligrar su candidatura no desaparecen con el escrutinio. Ahora tendrá que responder a las expectativas que consiguió reunir. La primera vuelta ya le había recordado algo que haría bien en no olvidar durante la celebración: la historia de un dirigente puede merecer reconocimiento; el voto de los ciudadanos hay que volver a ganárselo.
