Por Camila Moreno
El jueves pasado me encontré discutiendo acaloradamente con servidores públicos del Ministerio de Relaciones Laborales por un asunto que no debió ser controversial. Terminé sintiéndome decepcionada, indignada e impotente. No es una situación aislada: el escenario a veces cambia, puede ser el Municipio, el IESS, o alguna otra institución pública; los implicados también son diversos: trabajadores, emprendedores, extranjeros; pero el problema siempre es el mismo: demasiados requisitos, condiciones cambiantes, lecturas restrictivas de la normativa, en fin… barreras legales.
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