Mes: octubre 2011
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Juguete costoso
Plagar el escenario con normas es la mejor forma de hacer que se pierda el respeto por la Ley. Multiplicar innecesariamente el ordenamiento legal solo lo hace incomprensible. A la promiscuidad legislativa, tara crónica de nuestra cultura política, se añaden cambios constantes de normas apenas salidas del horno, delatando la coyuntura y la superficialidad en su tratamiento, con siete reformas tributarias en apenas cuatro años como botón de muestra. Y para guinda del pastel, están las imprecisiones y los vacíos, que convierten en la práctica al reglamento del Ejecutivo en el instrumento que acaba de dar contenido a la ley.
Nadie dice nada…
Es frecuente escuchar en las conversaciones cotidianas de los ecuatorianos -en las reuniones sociales, en las tertulias familiares, en las oficinas, en los centros deportivos y de recreación o en los encuentros ocasionales en la calle-, después de lamentar los últimos acontecimientos, condenar los atropellos gubernamentales y dolerse por la actual situación del país, una frase que, por generalizada y superficial, es falsa e injusta: ‘nadie dice nada…’ La he oído muchas veces. Ese ‘no decir nada’ significa evidentemente una crítica, un reclamo y la velada exigencia de que alguien -nunca se precisa quién- ‘diga algo’, recoja las inquietudes de los ciudadanos y las exprese sin tapujos, con claridad y libertad.
