Opinión

Kim Jong-il y los llorones

Por Andrés López Rivera

¡Kim Jong-il ha muerto! ¡Que viva Kim Jong-un! La dinastía comunista norcoreana muda de piel; pero continúa. La perennidad del régimen se funda en la eternidad de Kim Il-sung, institutor del linaje dinástico. No obstante, al parecer los norcoreanos difieren de los europeos que al morir el rey exclamaban para simbolizar la continuidad del Estado, à la française: “Le roi est mort, vive le roi” o the english way: “The King is dead, long live the King”. La sucesión en Corea del Norte no es así de simple. Los súbditos de Kim Jong-il no pueden entronizar a un nuevo monarca sin antes haber llorado a moco tendido y gemido lastimeramente. Enlutados, se prosternan frente a la imagen del difunto y sufren ataques de histeria; se jalan de los pelos y golpean el asfalto a puño cerrado.

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