Mes: agosto 2012
Dos años de prisión para integrantes de banda punk rusa
Scotland Yard mantiene vigilada la embajada de Ecuador
Ecuador otorga asilo a Assange
Mambrú se fue a la guerra
Guayaquil, Ecuador
Tuve que crecer para enterarme que la popular tonada infantil sobre un tal Mambrú que había partido a una guerra, tenía origen en una realidad histórica. La del británico duque de Malborough, John Churchill, a quien los franceses, contra quienes había ido a guerrear, creyeron muerto en batalla y de cuya desaparición se han burlado generación tras generación. Lo recordé anoche mientras leía en el cable que una multitud de treinta personas había pisoteado frenética la bandera del Reino Unido de la Gran Bretaña en las calles de Quito, después que el Canciller Patiño informara que el Foreing Office había amenazado con asaltar nuestra embajada en Londres para capturar al ya mítico fundador de Wikileaks, el señor Julian Assange.
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Petróleo trepa a 95 dólares, con tendencia al alza
Correa acoge a Assange
Madrid, España
La saga judicial de Julian Assange, el fundador de Wikileaks, se agravó ayer con la decisión de Ecuador de otorgarle “asilo diplomático” en su Embajada en Londres, y la previa amenaza del Gobierno británico de sacarle por la fuerza en virtud de la legislación local, una acción extrema de difícil encaje en el derecho internacional para un caso como este. Pese a todo, y en medio del enredo judicial y diplomático, conviene recordar que, pese a alguna de las afirmaciones del Gobierno ecuatoriano, el país que reclama al activista australiano no es una dictadura, sino Suecia, y el motivo no se refiere a la libertad de expresión o a la filtración de documentos secretos de EE UU, sino a una investigación por supuestas agresiones sexuales.
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Del tarimeo al tuiteo
Guayaquil, Ecuador
Cuánta barbaridad, compañerito, hemos leído en tuiter estos últimos quince días. No solo uno tuiteó a otro pidiéndole “…. que inaugure su cerebro antes de hablar conmigo…”, sino que luego se armó un tuiteo del san flautas. “Tralalá” venía; “Blablablá” respondía. Y los 140 caracteres no abastecían para este “diálogo” tan profundo, que hasta los genes salieron a bailar de lado y lado.
