Opinión

Empezó la campaña

Por Gonzalo Orellana
Londres, Reino Unido

En un país como Ecuador, se sabe que empezó una campaña política, cuando se empiezan a hacer ofrecimientos absurdos y poco realistas. En los últimos días hemos visto a varios de los candidatos para la presidencia en las elecciones del próximo febrero «coincidir» en que es necesario elevar el bono de desarrollo humano.

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Opinión

Académicos ¿profesionales o aficionados?

Por Daniel Gutiérrez Vera
Quito, Ecuador

Es falso el problema de si las universidades ecuatorianas deben o no acoger Ph.Ds en sus cuerpos docentes y de investigación. Toda universidad seria en el mundo lo hace y lo destaca en sus credenciales institucionales. Sin embargo, salvo en contados casos, no es sino ahora que las universidades del país se preocupan por este asunto, a raíz de los retos que les plantea la nueva Ley de Educación Superior. El desafío que tienen hoy las universidades es enorme, pero si no hay acicate para cambiar el estado actual de cosas tal vez no se logre mejorar la calidad de la educación superior en un futuro cercano.

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Opinión

El Estado candidato

Por Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador

En las últimas elecciones presidenciales en Venezuela el candidato Capriles fue derrotado por el Estado candidato. Sería ingenuo pensar que lo que hubo en ese país fue una campaña electoral y una elección entre dos ciudadanos por ganar la primera magistratura de la nación. Capriles en realidad no se enfrentó a Hugo Chávez, ni este último fue en realidad el candidato. A quien enfrentó Capriles es a un Estado candidato. Esta es la consecuencia obvia del proceso de total concentración de los poderes públicos que en Venezuela tiene para sí Chávez. El sistema judicial, la Fiscalía, la Función Legislativa, los organismos electorales, la contraloría, las superintendencias, las instituciones educativas, los entes de regulación económica, decenas de medios de comunicación, y buena parte de las llamadas sociedades intermedias, han estado y están sometidos no a los dictados de la Constitución ni de las leyes, y menos del derecho, sino a la voluntad y deseos del señor presidente.

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