Pablo Iglesias, auge y caída de un líder de izquierda en siete años

Pablo Iglesias junto al Presidente Rafael Correa en Ecuador. EFE

Pablo Iglesias, que en 2014 se convirtió en una esperanza para la izquierda española en plena crisis económica, y llegó a ser vicepresidente del Gobierno, abandona la política activa, al considerarse un «chivo expiatorio», que movilizó a la derecha en las elecciones regionales de Madrid y facilitó su triunfo.

«Cuando uno no es útil tiene que saber retirarse», dijo en la noche del martes el secretario general de Podemos, tras conocer los resultados en los comicios regionales de Madrid, a los que se presentó para intentar impulsar a su partido y frenar a la derecha.

Para ello, Iglesias (Madrid, 1978) abandonó su puesto como vicepresidente segundo en el Gobierno de coalición español, presidido por el socialista Pedro Sánchez. «Un militante debe estar allí donde es más útil en cada momento», dijo en marzo pasado cuando anunció su candidatura a la Comunidad de Madrid.

Pero, a pesar de que su partido sumó tres diputados más, se vio ampliamente sobrepasado por otra formación de izquierda, Mas Madrid, surgida de una escisión de Podemos, mientras el conservador Partido Popular (PP) obtuvo una contundente victoria.

Las últimas palabras de despedida ante sus seguidores en la noche electoral fueron una cita del cantautor cubano Silvio Rodríguez :«Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui».

El hasta ahora líder de Podemos, del que fue uno de sus fundadores, dijo estar «enormemente orgulloso» de lo conseguido por esta formación desde que hace siete años se presentó por primera vez a unas elecciones, ya que su proyecto político «ha cambiado la historia del país» y «ha acabado con el bipartidismo».

Iglesias, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, saltó a la arena política española en 2014, cuando fue elegido diputado en el Parlamento Europeo, aupado por el movimiento social 15-M, movilización de los más perjudicados por la crisis económica desencadenada en 2008 y que tuvo como referente Madrid.

Fue precisamente en la Facultad de Ciencias Políticas de la madrileña Universidad Complutense donde Iglesias fundó Podemos, junto a otras figuras como Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa y Luis Alegre, aunque varios de los fundadores se han ido marchando de partido entre críticas de personalismo hacia Iglesias.

El objetivo de esta nueva formación era «asaltar los cielos», como le gustaba decir a Iglesias, recordando una expresión de Karl Marx, y adelantar a lo socialistas (PSOE) para convertirse en referente de la izquierda española.

Y en esa dirección iba al principio ya que, en 2015, con un año de vida, Podemos irrumpió en la política española y, junto a otros grupos de izquierda, consiguieron 69 escaños de los 350 de la Cámara, impulsado por muchos votantes decepcionados con el PSOE.

Su objetivo era romper el hasta entonces tradicional bipartidismo formado por ese partido y el PP, pero en sucesivos comicios fue perdiendo fuelle, aunque en 2020 consiguió su ansiado objetivo: entrar en el Gobierno de España, después de duras tensiones con el partido socialista y su líder, Pedro Sánchez.

Su paso por el ejecutivo tuvo un balance de gestión escaso, según sus críticos, y con tensiones internas con el PSOE, que con frecuencia llegaban a las portadas de los periódicos y los informativos de radio y televisión.

Convencido de que el papel de Podemos era plantar cara a los socialistas para defender políticas sociales, Iglesias se enzarzó en su año de vicepresidente en numerosas disputas con ese partido: por los presupuestos, por las leyes de Igualdad, los escándalos de la Monarquía o la derogación de la reforma laboral.

Tras la convocatoria electoral en Madrid, y ante la perspectiva de que Podemos tuviera unos malos resultados, Iglesias decidió abandonar el gabinete y presentarse como candidato a las elecciones madrileñas, lo que imprimió una fuerte polarización, al convertirse en el objetivo principal de la candidata del PP, Isabel Días Ayuso.

Con la «conciencia absoluta de haberme convertido en un chivo expiatorio que moviliza los afectos más oscuros y más contrarios a la democracia», Iglesias decidió dejar todos sus cargos, aunque afirmó que «seguirá comprometido» con sus ideas y compañeros.

Acostumbrado a los giros dramáticos de guion de esas series que tanto le gustan, el hasta ahora líder de Podemos no desveló su próximo destino. La República.

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