Las precipitaciones que han regresado sobre la cuenca del Paute y el río Coca en los últimos días están permitiendo una recuperación gradual de los niveles de agua. El embalse de Mazar, que había llegado a cotas preocupantes cerca de los 2.115 msnm, ha registrado una subida sostenida y se mantiene alrededor de los 2.122 msnm, alejándose de la zona de riesgo operativo. Esta recuperación, impulsada por los caudales que llegan desde la cuenca alta, ha permitido mantener apagadas las turbinas de la central de Mazar para priorizar el almacenamiento de agua de cara a los meses más críticos del estiaje.
La central Coca Codo Sinclair, de filo de agua y con una capacidad instalada de 1.500 MW, opera por debajo de su potencial. Con caudales del río Coca que han fluctuado en torno a los 200 m³/s o menos en jornadas recientes, su generación se ha situado alrededor del 70 % de capacidad en algunos cortes, aportando una porción importante de la energía hidroeléctrica nacional, aunque lejos de sus máximos históricos. El complejo Paute (Mazar, Molino y Sopladora) sigue restringido en su operación para preservar el embalse.
Ante esta situación, las centrales termoeléctricas han elevado su participación en el sistema, llegando a representar cerca del 30 % o más de la generación total en jornadas recientes, según datos del Operador Nacional de Electricidad (Cenace). Plantas como Termogas Machala y otras unidades térmicas están compensando parte del déficit hidroeléctrico, aunque con costos más altos y mayor consumo de combustibles.
Las importaciones desde Colombia, reanudadas a mediados de octubre, han sido mínimas. El jueves 22 de octubre Cenace registró apenas 22 MWh procedentes del país vecino, y el acumulado del viernes 23 era de solo 19 MWh hasta la mañana. Estos volúmenes están muy por debajo de la capacidad técnica de la interconexión (alrededor de 450 MW) y responden a las propias limitaciones hidrológicas que enfrenta Colombia.
Para reducir la demanda y proteger los embalses, el Gobierno mantiene desconexiones programadas dirigidas exclusivamente al sector industrial de alto y medio voltaje. Esta semana, las empresas de alto voltaje (AV1) estuvieron desconectadas del 19 al 21 de octubre y ya pueden operar con normalidad desde el 22. Las de medio voltaje, en cambio, permanecen desconectadas desde el 21 hasta las 24:00 de hoy, viernes 23. Las medidas, que comenzaron con 24 horas semanales a finales de septiembre y se ampliaron a 72 horas, buscan bajar el consumo industrial sin afectar a hogares.
El costo económico de estas restricciones se está acumulando. Analistas estiman pérdidas diarias del orden de USD 20 millones en el sector productivo. Gremios industriales han advertido sobre impactos de cientos de millones de dólares si las desconexiones se prolongan, con especial afectación a cadenas como la camaronera, donde se reportan pérdidas de producto y riesgos en la cadena de frío y las exportaciones. Referencias a la crisis de 2024 sitúan el impacto total de apagones anteriores por encima de los USD 2.000 millones. El Banco Central del Ecuador ha señalado que episodios similares han llegado a restar hasta 1,4 puntos porcentuales al crecimiento anual del PIB. Si las condiciones hidrológicas no mejoran de forma sostenida y las restricciones industriales se extienden, el crecimiento proyectado para 2026 podría verse frenado, con efectos en producción, empleo y divisas por exportaciones.
Las lluvias recientes ofrecen un respiro operativo, pero el sistema eléctrico sigue dependiendo de un equilibrio frágil entre recuperación de embalses, generación térmica e importaciones limitadas, mientras el sector productivo absorbe el impacto más directo.
