Ajedrez político en el valle del olvido en tiempo de finados

Juan Diego Vivanco Vieira

Baños de Agua Santa, Ecuador

Fue una mañana un poco antes de Finados cuando con Santiago decidimos jugar por primera vez una partida de ajedrez. Nada mejor que jugar este hermoso juego con las personas indicadas, lejos del bullicio y del chismorreo de las redes sociales.

 A mitad del juego y con evidente tensión en el tablero, nos miramos, y le dije a Santiago: “Está buena la partida. ¿La dejamos para otro día?”

 A lo que Santiago respondió: “Creo que sí, pues ya mismo tanto usted como yo nos tenemos que ocupar. ¿Será que buscamos un momento después que pase el feriado, después del 2 de noviembre?”.

A lo que respondí: “Sí, mejor. Ojalá que antes que empiecen las Fiestas Cantonales que iniciarán un fin de semana antes de las elecciones seccionales.”

“¡Ah, sí! Ya me estaba olvidando de las seccionales”, me dijo Santiago, “esa payasada, ese meme”.

Decidimos hacer un intermezzo; Santiago tomó una fotografía del tablero y luego, con mucho cuidado llevé el tablero con las piezas encima a un lugar seguro, y lo sellé bajo 4 llaves para que nada ni nadie ose tocarlo.

“¿Tienes tiempo para otro café?”, le pregunté a Santiago, a lo que él asintió con la cabeza en señal de aprobación. 

“Cierto que ya estamos cerca del día de los difuntos” dije. “Y aunque ha habido otras costumbres que hemos ido incorporando con el tiempo, en el cementerio están nuestros muertos. Ahí están enterrados nuestros ancestros, junto a cientos de tumbas olvidadas, cientos de historias cuyos restos descansan en la tumba fría”.

“Y a propósito de tumbas frías”, continué; “estas palabras me recuerdan a un poema del poeta y escritor colombiano, Antonio Muñoz Feijoo, dice así:

“No son los muertos los que en dulce calma la paz disfrutan de sus tumbas frías, muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía.

 No son los muertos, no, los que reciben rayos de luz en sus despojos yertos, los que mueren con honra son los vivos, los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos, la vida es el honor, es el recuerdo. Por eso hay muertos que en el mundo viven, y hombres que viven en el mundo de los muertos.””

Por un momento nos quedamos pensativos y luego dije: “¡Ay! Si tan sólo nuestros muertos pudiesen hablar… ¿qué será lo que dirían? ¿Cuánto sería su sentir al ver al pueblo tan cambiado, tan dividido, tan abatido y tan corrompido? El valle del Olvido va perdiendo más y más su encanto, su esencia y su belleza natural.”

Me viene a la memoria, una de las tantas anécdotas que me contó mi abuelo”, le dije a Santiago, (mi abuelo tenía una retórica verdaderamente increíble). Mi abuelo me contó que, para la inauguración de la Basílica de Virgen del Pedacito de Cielo, él había hablado:

«Quousque tandem, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?», había empezado diciendo en su discurso, refiriéndose a las familias hacendadas de ese entonces, que se oponían a que los niños de la comunidad tuvieran acceso a la educación a través de una escuela.

 “¡Para qué educación! ¡Para qué una escuela!” Los hacendados de esos tiempos gritaban. “Los niños no necesitan de esas cosas. Ellos deben trabajar en el campo.”, decían.

Me reservo sus apellidos pues esas familias aún existen y siguen siendo poderosas.

“Me contó de la encarnizada lucha y resistencia de parte de esas familias en contra de que la idea de que educación pudiera llegar al pueblito. Pero esto no consta en la historia oficial, y no sé cuánto tiempo más permanecerá en la memoria colectiva; ya quienes protagonizaron esos hechos, muertos están; y como lo dijo Orwell en 1944: “La historia la escriben los vencedores”, dije.  

Y luego continué: “Escuchar a mi abuelo hablar era como estar viviendo aquellos momentos históricos que se irán desvaneciendo en el tiempo y el olvido. Las persecuciones políticas, las trampas, las mañoserías. Las luchas sangrientas entre alvornocistas y velasquistas que se regaron por todo el país: odios, persecuciones, asesinatos; y así como en toda la nación, así mismo en nuestro pueblito. Luchas ideológicas que se convirtieron en luchas entre familias y vecinos; tan cruenta fue la violencia, que mi abuelo tuvo que ocultarse, huir y vivir en la clandestinidad y en el destierro por algo más que un año… Pero todo eso es pasado y todo eso quedará en el Olvido, a no ser que…”. Guardé silencio y luego dije, “mi abuelo fue siempre incómodo para ciertas gentes”.

“Las cosas no han cambiado en nada”, interrumpió Santiago, “siguen las mismas familias, las mismas componendas, las mismas artimañas”.

“No, Santiago, las cosas sí han cambiado, y mucho. Para empezar, ya no hay principios ni ideologías, ahora sólo es una lucha por la riqueza y el poder; sólo que ahora esas familias se han entrelazado, organizado y fortalecido. “, le dije.

“¿Entrelazadas?”, repitió Santiago. Y luego añadió: “¿Al estilo Romeo y Julieta?”.

“No he sabido de ningún caso así que yo sepa, más como telenovelas con trama solapada y cursi, diría yo”, le dije a Santiago. “Historias de gente que vive vidas de apariencia e ilusión.”

   De pronto, Santiago me miró y me preguntó sobre qué opinaba acerca del panorama político local y sobre por quién votaría en estas próximas elecciones.

 Rascándome la cabeza le contesté con aire de decepción y con algo de mala gana, que “por esta vez y por primera vez de lo que tengo memoria, mi voto esta vez sería en nulo, al menos en lo que se refiere a prefectos, alcaldes y concejales y que a lo que se refiere a los candidatos para el Consejo de Participación y Control Social (CPCS) tengo 3 posibles candidatas por el momento.”     

Santiago me miró sorprendido por mi respuesta. “¡¿Cómo es posible que usted diga eso?!”, me dijo. “¡Usted!, que siempre ha dicho que votar nulo es una irresponsabilidad y de que hay que votar por el menos malo para que no gane el más peor, ahora me dice que va a votar nulo. No lo entiendo. ¿No me diga que se ha vuelto correísta?”, me miró con mirada satírica y provocativa, motivo que causo una sola y cómplice carcajada. 

“Ni noboísta ni correísta”, le dije a Santiago. “Prefiero la utópica democracia”. Luego le dije: “Mira, querido Santiago, las anteriores elecciones seccionales mi voto se sumó al de otros para que un sujeto desalmado, autoritario y brutal entrara en la concejalía. Un sujeto que con premeditada alevosía engañó a muchos ciudadanos que creímos en él. Se ganó nuestra confianza, nos dijo que entraría a poner orden en un municipio mal manejado y corrupto, pero no fue así.»

«Nos hizo creer que nos escuchaba y que vendría a representar nuestra voz y que trabajaría en ello desde el primer día en que él ocuparía el puesto. Juró y perjuró que defendería los intereses del pueblo y que jamás permitiría ningún negociado o contrato turbio con ninguna empresa puesta a dedo y que haría una férrea oposición a toda aquella autoridad que pretendiera meter la mano a los bolsillos de los ciudadanos, pero no fue así».

«Todo fue mentira. No pasaría mucho tiempo, que él se delataría diciendo de manera cínica y descarada, que todo político miente, porque si dijesen la verdad, nadie votaría por ellos. Escucharlo me causó fastidio y me abrió los ojos. De los demás concejales, incluido alcalde, me lavo las manos, porque no voté por ellos. Te dije, se me abrió los ojos. No quiero volver a cometer el mismo error y ojalá que nunca nadie más lo haga. No quiero volver nunca más a ser cómplice de otro desastre.”

“Yo también vote por uno de esos concejales. Todos son lo mismo; todos han resultado ser peleles de las municipalidades de turno. Al menos hicieron una ordenanza que prohibió el uso de la pirotecnia en el cantón”, dijo Santiago.

“Así es”, respondí, “pero fíjate Santiago, después de todos los escándalos que ha estado envuelta esta administración municipal y que no hace falta enumerar, lo que han hecho es perder su credibilidad y el respeto, y al haber perdidas esas dos cosas, lo que viene es la desobediencia a la ordenanza y el desacato, y es por eso que de pronto ahora hemos vuelto a escuchar “voladores” por doquier».

«¿Cuál fue la respuesta de la municipalidad? Delegar al ciudadano su responsabilidad, poner un número de contacto en las redes sociales para que dejemos nuestra denuncia con la promesa de reserva y anonimato, pero como tú sabes, reserva y anonimato en un pueblo chico como el nuestro es una broma. Esto para tapar su ineptitud e inoperancia, y mientras que hay un grupo de fulanos desobedeciendo una ordenanza; nosotros, las aves, nuestras mascotas, los recién nacidos, los enfermos, los ancianos, nosotros, padecemos y sufrimos.  Pero mejor no hablemos de eso que me irrita y descompone, tanto esfuerzo y tanta lucha por tan poco.”

Santiago hizo una pausa y luego me preguntó: “Pero… ¿Acaso no hay ningún candidato a la alcaldía medianamente rescatable para estas nuevas elecciones?”.

 “Me temo que no, Santiago” le dije, y luego le pregunté: “Y tú, Santiago, ¿Ya sabes por quién votar?”.

“La verdad es que no”, dijo Santiago, “sólo veo farandulería y demagogia; siento que a los candidatos les falta personalidad, madurez y hasta integridad. Hay y debe haber dentro de las listas honrosas excepciones, pero como por lo general sucede, esas excepciones son personas que son sólo anzuelos para pescar votos, y al final, con esta vaina del voto en plancha, sólo los candidatos que están en primera fila, en el caso a los candidatos a concejales, son los primeros y segundos candidatos los favorecidos y que terminan asegurando su curul.” 

“¡Sí, Santiago! Tengo la misma opinión y te copio las palabras. Por otro lado”, dije a Santiago, “se ha hecho costumbre que, de taitas políticos, hijos políticos. Y quizás, esa no sea la mayor razón por la que los electores sintamos repulsión, nausea y hastío cada vez que se avecinan nuevas elecciones, sino por la corrupción que los envuelve. Obviamente, no es justo trasferir los errores de los padres a los hijos y viceversa, sin embargo…”

“Tiene razón, mi don”, me interrumpió Santiago, y luego dijo:” Pero a veces esas mañas y triquiñuelas también se las heredan, otras veces se contagian y otras veces se las aprenden con dedicación y entereza. ¿Será por eso que hoy hay tanta gente que apuesta por la política?”, Santiago hizo una pausa y luego dijo: “Muchos quieren ser políticos, o bien para ser ricos o para hacerse más ricos.”

 “¿Más cafecito?”, pregunté y luego dije: “El riesgo que quienes realmente gobiernen los gobiernos locales sean los padres, familiares y amigos y sus convenientes colaboradores, es latente. Lamentablemente (y por experiencia), este despreciable proceder se ha vuelto una costumbre inexorable. Sin olvidarnos del y los astutos vivarachos que ahora gozan del poder y que colocan sus alfiles y peones en todas las listas, en especial en las listas más opcionadas, para de ese modo, garantizar su permanencia en el poder y perpetuar su impunidad. Es en lo que se ha convertido la política en la actualidad.”

 “¿Y esto va para alcaldes y concejales?”, me preguntó, Santiago.

“A ver Santiago, ¿Has visto a esos personajes que aparecen, aunque tú no quieras, en las redes sociales, y empiezas a verlos y oírlos en entrevistas en las radios y la televisión, que más que entrevistas parecen promociones pautadas? Pues bien… Lamentablemente aquí no hay una prensa libre e independiente y, por lo contrario, muchas de esas entrevistas son re direccionadas para querer influir en la decisión popular y de manera premeditada, hipócrita, discreta y tapiñada, ocultan sus verdaderas intenciones que son el de favorecer a uno u otro candidato de su preferencia y de las élites adineradas y con poder y que ponen en escena todo su arsenal”, le respondí.

“Pero ¡Eh!”, dijo Santiago, “quien no los conocen que los compren.”

“Así es Santiago”, le dije, “quien no los conocen que los compren. Por ejemplo, ¿qué se puede esperar de gente que es, ha sido y, seguramente seguirá siendo alfombra de cualquier administración municipal de turno? De gente acostumbrada al oportunismo y a mirar sólo por sus mezquinos intereses, qué se puede esperar más que mojigatería y traición. Esa gente jamás alzará la voz por el pueblo, jamás”.

“Son vampiros que chupan la sangre y el dinero del pueblo”, interrumpió Santiago, y luego dijo: “sanguijuelas con título y trayectoria, sedientos de fama, riqueza y poder… No, gracias. Y voy a poner una velita para que eso no pase y ojalá que el pueblo los pueda identificar a tiempo y los castigue negándoles su apoyo y su voto.”

“Aunque la verdad, en nuestro terco pueblo lo más insólito suele pasar”, rebatí a Santiago, “No siempre hemos sido tan buenos eligiendo autoridades y siempre o casi siempre hemos terminado dándonos contra el suelo. Y viendo la situación actual te puedo decir que la ecuación lógica es que no importa por quién votemos, al final los resultados serán triste y dolorosamente los mismos.”.

Por un momento, Santiago se quedó mirándome como confundido.

“Es una panorama desalentador, pesimista e incierto el que usted me pinta”, dijo Santiago, y luego exclamó: ¿Qué podemos hacer?”.

 “Primero que todo debemos ser críticos y no dejarnos seducir por sensacionalismos de pasquineros digitales, pseudo-periodistas, ni de mercachifles vendedores de ilusiones, y que por eso, muchos han perdido su alma, su honra y dignidad. Y segundo hacer que nuestra memoria y nuestros testimonios prevalezcan”., dije.

 Y luego añadí: “En el artículo 147 del Código de la Democracia dice que se declara la nulidad de las elecciones cuando los votos nulos superan a los votos de la totalidad de candidatas o candidatos, o de las respectivas listas, en una circunscripción determinada para cada dignidad. Es decir que el voto nulo supere el voto válido un 50% más uno.  En ese caso se volvería a convocar a elecciones en una nueva fecha y otra vez se daría la apertura para que se inscriban los nuevos candidatos que quieran participar, incluyendo los mismos candidatos que estaban ya en la papeleta electoral si estos desearan volver a hacerlo y cosa que seguramente lo harán.” 

“Si eso es así. ¿En qué ayudaría si los mismos va a estar en la papeleta?”, preguntó Santiago.

A lo que respondí: “Por una parte, los obligaría a repensar sus estrategias y depurar sus candidatos, además que permitiría que otras y mejores alternativas se presenten. Por otra parte, sería un claro mensaje de descontento y desaprobación a las candidaturas actuales.”

“Que gane el nulo, usted sabe, es algo que muy difícilmente pasará”, dijo Santiago.

“Puede ser”, le dije, “pero al menos podremos tener una idea de cuantas personas queremos un cambio de rumbo en la política local y podría servir como preámbulo para que se formen mejores cuadros en las próximas elecciones.”

“Pero, en fin, ya se acerca la hora de que vayas a recoger a tu hijo en la escuela”, le dije a Santiago. “Dichoso es quien tienen a sus hijos cerca y pueden abrazarlos. No tienes idea de cuánto extraño a los míos, nadie debería verse obligado a emigrar para buscar un futuro mejor, un futuro que la patria y sus políticos nos han arrebatado. 

“Y usted, mi don, ¿no ha pensado alguna vez en participar en la política?, me preguntó.

“Métete a salvador y saldrás crucificado”, me dijo mi padre una vez y no he sido tan bueno en escucharlo”, le respondí. “La política bien manejada es el instrumento perfecto para el progreso y desarrollo de un pueblo y de una nación, pero eso implica no sólo sacrificio y valentía, sino también una fuerte voluntad popular. Y yo, amigo mío, me harté y estoy cansado”.    

Luego continúe: “Siento que hay muchas personas valiosas en el cantón: gente buena, gente honesta, gente decente y trabajadora, pero que han dejado de confiar y ha perdido la fe en las autoridades y en las instituciones, y que, aunque el bello sueño de querer cambiar un sistema con tanta podredumbre siempre estará presente dentro de su fuego interno, saben también que es una inalcanzable utopía. Ojalá que ese fuego crezca y se desarrolle en los corazones de los jóvenes y de los padres de familia y en el corazón de nuestros hijos. Este mundo ya no es para los viejos.”    

“¡Qué dice, mi don! En este mundo habitamos todos y todos saldremos juntos adelante. Que los viejos nos ayuden a abrir el camino para que algún día, más temprano que tarde, podamos vivir en una sociedad más equitativa y justa. De ustedes tenemos muchas cosas buenas que aprender.” dijo Santiago guiñándome con un ojo.

Reímos y nos despedimos, ansiosos hasta nuestro próximo encuentro donde pondremos a prueba nuestras habilidades de ajedrecista y nuestra destreza en el arte de la guerra.