Artículos por Carlos Jijón
Los asesores
Adivinen a qué me voy a dedicar, cuando ya la prensa corrugta desaparezca y solo sea la prensa impoluta la que nos informe las maravillas de la revolución: seré un asesor. Asesor presidencial, asesor ministerial, asesor de banquero que aspira a ser político, asesor de alcalde o asesor de cualquier cosa. ¡Qué trabajo tan sencillo y divertido! Se gana bien, se viste bien, se vacila bien. Un asesor es aquel que tiene poder de convencimiento sobre la persona que, efectivamente, tiene el poder de tomar decisiones que nos friegan, digo, nos benefician a todos. Y que, además, tiene la lengua tan hábil que convence a su pobre asesorado de cometer las más variadas y pintorescas actividades que nunca antes imaginaron que podían realizar.
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Resistencia
Pocas veces he sentido tanta vergüenza de la conducción del poder legislativo en el Ecuador. Y pocas veces ha sido tan inútil en este último período democrático. Es cierto que primero habría que determinar si en realidad estamos viviendo una democracia: pero desde que don Assad Bucaram fuera elegido Presidente de la Cámara Nacional de Representantes, en el ya lejano 1979, no habíamos llegado nunca al punto de que un congreso no fiscalice en años, se limite a votar los textos que el Ejecutivo le envía redactados para su aprobación, y que incluso ha pretendido, recurriendo para ello a artimañas, que los de su propio seno sean enjuiciados por el Gobierno a causa de las opiniones que han emitido en sus debates.
