Educación para la ciudadanía

Tan resistido fue y tan criticado, que el entonces presidente Rajoy, enemigo de hacer cualquier cambio, debió torcer el brazo y enviarlo con un cargo diplomático a París. Entre las cosas que Wert había cambiado figuraba la supresión de la asignatura “Educación para la ciudadanía” creada por el anterior gobierno socialista y, en cambio, introdujo la asignatura de religión católica, que, si bien no era obligatoria, la nota contaba dentro del puntaje final del alumno. Vale decir, una sutil manera de hacerla obligatoria sin aparentar serlo.

El nuevo gobierno, atendiendo que España es un país laico, pero laico de verdad y no solo en apariencia como en nuestro gobierno, ha decidido que la materia de religión no cuente en el puntaje final y volverá la materia “Educación para la ciudadanía”, si bien tendrá otro nombre para que la nueva no se relacione con aquella.

En varias oportunidades anteriores insistí en la necesidad que nuestros jóvenes cuenten con una materia parecida en el colegio. Desde luego que esto debe sonar a propuesta subversiva para los oídos de los políticos que no tienen ningún interés en que la ciudadanía, y sobre todo los jóvenes, puedan enterarse de cuáles son sus derechos, cuáles son sus obligaciones y qué es lo que pueden exigirles a sus representantes.

Los jóvenes deben aprender el funcionamiento de la justicia, de modo que sean capaces de evaluar, en su justa medida, el comportamiento de los jueces; o, mejor dicho, el buen y el mal comportamiento de los jueces. En estos días, podrían haber tenido abundante material para sus estudios y trabajos de fin de año al analizar el torrente de amparos, impugnaciones, rechazos, recusaciones y todas las figuras legales –e inventadas– posibles a los que echaron mano los políticos y sus paniaguados que trataron de violar la Constitución para que pudieran entrar como senadores activos Nicanor Duarte Frutos y Horacio Cartes. Hacer que los jóvenes y los ciudadanos, en general, puedan conocer el alcance de todas estas maniobras dolosas es realmente subversivo, y ningún político está decidido a atarse la soga al cuello cuando en su lugar puede pasar unas vacaciones paradisiacas en Cancún o en las playas de Miami.

En un “WhatsApp” me mandaron hace unos días un fragmento de un discurso de Barack Obama, cuando era todavía presidente, ante un grupo de seguidores que le pedían que se candidatase de nuevo. Les explicaba a sus seguidores que eso no era posible debido a lo que dispone la ley al respecto, y concluía: “Nadie puede estar por encima de la ley. Ni siquiera el presidente de los Estados Unidos”. Y en ese momento él era el hombre más poderoso de la Tierra. Claro que viendo quién le sucedió en el cargo, nos hace pensar, aunque sea por un instante: “Obama, por qué no violaste la Constitución”. Pero este es el juego de la democracia que nos da la posibilidad de tener gobernantes excelentes, buenos, regulares o espantosos.

Todo esto tenemos que enseñarles a nuestros jóvenes, que son ya, a esta altura de los acontecimientos, la última esperanza que nos queda de poder tener, en alguna oportunidad, un país en el que podamos vivir, con seguridad, todos juntos aunque pensemos, recemos y creamos de manera diferente.

  • Jesús Ruiz Nestosa es escritor paraguayo. Su texto ha sido publicado en el diario ABC Color de Asunción, Paraguay.
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