La Fiscalía en neutro

Ricardo Noboa
Guayaquil, Ecuador

Hoy nuevamente los titulares de los medios repiten la denuncia de que hubo corrupción en los contratos petroleros.  La denuncia del Presidente viene ahora avalada por la ONU.  Hablan (y se sigue hablando) de las refinerías de Esmeraldas y del Pacifico, del poliducto Pascuales-Cuenca, de la planta de Bajo Alto y de la terminal de Monteverde.  Hace poco se denunció también lo del campo Singüe y los temas de Petrochina. Luego están los escándalos en la renegociación de la deuda, los vínculos con Odebrecht, el mal uso de las empresas y los medios de comunicación incautados el 2008 y los viajes de los aviones presidenciales.

Ello en los delitos económicos.  En los delitos comunes, la muerte del General Jorge Gabela, los vínculos con las Farc, el invento del 30S y, por supuesto el caso Balda. Y creo que faltan algunos.

En todo caso, este es un catálogo de los daños económicos, morales y físicos que el régimen anterior le hizo al Ecuador.  Al respecto, se hizo bastante el primer año de gobierno, cuando se le reveló al país lo que todos sospechábamos: que la revolución ciudadana había manejado los bienes y recursos del Estado como si fuesen propios, e incluso que había serias sospechas sobre delitos cometidos contra la vida de las personas.  El Fiscal Carlos Baca, vinculado íntimamente al gobierno anterior se vio obligado a actuar. Y algo se avanzó.  Luego, el fiscal Pérez Reyna trabajó en medio de un silencio absoluto y muy poca comunicación con la opinión publica para terminar renunciando sin mucha explicación del por qué.

Y ahí estamos. La fiscalía detuvo su velocidad y puso neutro. Y como este es un país que vive el día a día, el tiempo va haciendo que la gente se preocupe de otras cosas: del desempleo, del costo de la vida, de la recesión y de las próximas elecciones.  Salvo uno que otro periodista, el tema de la corrupción va pasando, la impunidad va ganando terreno, y a pesar de que la “resistencia combativa” luce abollada, cualquier momento le da un zarpazo a la democracia y a la justicia. O intentará darlo.

  ¿Qué está pasando en la Fiscalía, que luce somnolienta y lenta? Lo que pasó en el Ecuador los últimos años no fueron casos aislados. Ya se ha dicho de manera contundente que la “delincuencia organizada” no fue solamente aquel delito tipificado para condenar al ex Vicepresidente Glas. No. La delincuencia organizada fue un esquema gansteril instaurado desde lo mas alto a fin de perpetrar un enorme desfalco en perjuicio de las arcas de la República, ante lo cual nadie se detuvo ni siquiera a respetar la vida de quienes protestaron.

Los funcionarios públicos se volvieron patrimonialistas: pensaron que los bienes del Estado eran parte de su patrimonio: aviones, carros, concursos de precios cuando los había, contratos sin concurso la mayoría de las veces, canales de televisión,  radios, publicidad, contratos de seguros,  todo ello se concentró en el amiguismo promovido desde arriba que hizo del régimen un gobierno totalmente oligárquico, pues pocos fueron los que estructuraron semejante estafa colectiva.

Sin duda debe ser mucho el trabajo que tiene la Fiscalía. Toneladas de documentos. Pero para eso está. Para investigar y acusar cuando fuere menester. Sobre todo ante tan graves delitos económicos. Algo tiene que ocurrir allá arriba y desempolvar nuevamente las reiteradas denuncias. Subirse nuevamente al carro y poner primera. Y dejar el neutro.

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