Lasso, el CPCCS y el Voto Nulo

Fabián Pozo
Cuenca, Ecuador

Guillermo Lasso anunció la semana pasada su apoyo a la iniciativa de promover el voto nulo en las elecciones para el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), decisión que tomó por sorpresa a muchos, llegando a calificarlo como «patada al tablero electoral». Esta decisión, sin embargo, no es sorpresiva al menos para mí y para quienes hayan seguido el debate acerca de qué hacer con este curioso organismo tecnocrático, único en el mundo.

A inicios del año 2016, algunas de las mentes más brillantes del país fueron convocadas por el equipo de Plan de Gobierno de Lasso a varios talleres en Guayaquil y Quito. Estuvieron presentes expertos de todas las áreas: salud, educación, seguridad, ambiente, energía, etc. Todos esbozaron ideas para cambiar radicalmente cada sector hacia un Ecuador mejor, ideas que luego fueron plasmadas, en buena medida, en el Plan de Gobierno de Lasso.

Sin embargo, al final de uno de los talleres, la Comisión Jurídica encargada de viabilizar esos planes -en la que tuve el honor de participar- debió explicar las malas noticias: la mayor parte de ideas de cambio profundo requerían como condición previa un cambio institucional. Detrás de la crisis económica ecuatoriana se escondía una profunda crisis institucional cuya raíz última estaba en la novelería del CPCCS como ente nominador, seleccionador o co-nominador de las principales autoridades de Control.

En aquel tiempo se discutía poco sobre el hoy famoso Quinto Poder, se hablaba más de la conveniencia de una enésima Asamblea Constituyente. En ese contexto, aglutinados por Ecuador Libre, pasamos a analizar los hilos que desde el Consejo de Participación Ciudadana se tejían para controlar los procesos de selección de las autoridades de control y los hilos que conducían hasta Carondelet en el caso de cada uno de los comisionados y de varios de los concursantes.

Concluimos que este Consejo sirvió solamente para “desciudadanizar” los procesos de selección de autoridades de control bajo el pretexto de “despolitizarlos”, alejándolos del debate público, barnizándolos de una supuesta transparencia detrás de la que se encontraba una clara intención totalitaria, que se había aprovechado del «régimen de transición» para captar el control del poder y perpetuarse en el mismo. Eliminarlo era indispensable, sin reforma institucional no era viable la reforma económica.

Es así que empezó a comentarse la idea de la Consulta Popular para cesar al CPCCS y las autoridades nombradas por éste. El 27 de septiembre de 2016 publiqué en esta columna de La República la idea, lo que causó un amplio debate en redes por parte de quienes sostenían que para ello era necesario una Asamblea Constituyente.

Con todo esto, debíamos presentar a Guillermo Lasso tanto el problema como la solución propuesta. Ecuador Libre preparó un gráfica que mostraba cómo los tentáculos del Correismo se habían tomado el CPCCS desde su concepción, desde su propio diseño en Montecristi, y cómo alcanzaban a prácticamente todos los organismos de control y los demás poderes del Estado. Parecía la marioneta que da portada a «El Padrino», pero con más hilos, verdes hilos.

La reacción de Guillermo es la que motiva que escriba estas líneas. Incluso antes de que expongamos la idea de la Consulta Popular, él tenía claro que este Consejo permitía la concentración del poder, demasiado poder para cualquier persona, así sea buena. Al empezar a discutir la solución, me preguntó si conocía la historia del nudo gordiano, y planteó su solución: «¿Cómo se desató el nudo gordiano?, cortándolo de un solo tajo».

A los poco tiempo, iniciada la campaña, fue claro y directo en proponer la eliminación del CPCCS.

Es por esto que la decisión de apoyar el voto nulo que Lasso ha anunciado no me sorprende ni me extraña. Es una decisión de principios, más allá de cálculos electorales. El Quinto Poder es un mecanismo perverso, desde su concepción.

Es cierto que desde un punto de vista de cálculo político se puede argumentar en contrario que, con o sin victoria del voto nulo, el CPCCS terminará siendo elegido, sea en esta elección o en la repetición de la misma. Es cierto también que hay una suerte de terror a la re-captura correista del CPCCS y que la campaña pro-nulo puede quedar condenada al campo filosófico teórico. Pero para mí, y creo que para Guillermo Lasso, es una cuestión de principios, desde hace mucho tiempo. Por mi parte, no votaría a favor de ningún candidato para el CPCCS, así fuere el mismísimo Hayek el postulante.

Votar nulo no excluye iniciar el camino para una reforma constitucional más profunda, por ejemplo, devolver las funciones nominadoras de las autoridades de control a la Asamblea Nacional, dejando al Consejo únicamente para asuntos de participación ciudadana propiamente dicha; ni tampoco una eliminación absoluta del mismo. Al contrario, creo que el votar nulo en esta elección es un primer gran paso en esa dirección.

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