El necesario control del narcotráfico

Alberto Molina

Alberto Molina Flores
Guayaquil, Ecuador

“Síndrome de Servilismo”, es el título de un artículo que publica un diario de Guayaquil; la columnista del artículo de marras habla de la «posibilidad de que vuelva a instalarse una base militar norteamericana», se refiere a la colaboración norteamericana en la lucha contra el narcotráfico y la utilización de la pista de la isla San Cristóbal de Galápagos. Vale la pena recordar que hubo en toda la historia del Ecuador sólo dos bases militares norteamericanas (con personal armado, instalaciones permanentes, armamento antiaéreo, muelles para las embarcaciones y el amarizaje de  hidroaviones, etc.). Estas  bases se instalaron en la isla de Baltra de Galápagos y en la población peninsular de Salinas, fue en la II Guerra Mundial y funcionaron desde 1942 hasta 1946. En ese entonces el Ecuador estuvo en la obligación de colaborar en la defensa continental, fundamentalmente en la defensa del Canal de Panamá, objetivo estratégico.

Ahora son dos amenazas que tenemos, el narcotráfico y la pesca ilegal en grandes proporciones, especialmente de grandes flotas pesqueras chinas. Frente a estas dos amenazas, el Ecuador tiene capacidades limitadas para enfrentarlos, razón suficiente para acudir a la ayuda de países amigos que tienen recursos y una alta tecnología como es el caso de Estados Unidos.

El avión que está ya colaborando en el control del narcotráfico es el Orión P3. Va a operar, técnicamente, sin ningún problema desde la pista de San Cristóbal. Dicha pista va a ser iluminada, para que el Orión P3 pueda hacer operaciones nocturnas. Habrá que modernizar las radios ayudas para los aterrizajes instrumentales y algunas instalaciones, especialmente para el almacenaje de combustible.

Para refrescar nuestra frágil memoria, recordemos que en el gobierno de Rafael Correa estuvimos en la total indefensión: siete años sin radares, las avionetas de los narcotraficantes, especialmente de los carteles mexicanos, entraban y salían de nuestro país a su entera libertad.

Después del ataque de las Fuerzas Armadas de Colombia al destacamento de las FARC en nuestro territorio (Angostura), en donde fueron abatidos el segundo abordo de la narcoguerrilla, alias Raúl Reyes y una veintena de sus secuaces, Correa desmanteló los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, acusando a los oficiales de estar al servicio de la CIA norteamericana.

Hay los testimonios, en videos capturados, de varios jerarcas de la narcoguerrilla de las FARC, en los que declaran haber aportado económicamente a la campaña electoral del entonces candidato Rafael Correa.

Hay voces que se «duelen» porque supuestamente las operaciones de control aéreo del narcotráfico desde Galápagos,  van a “poner en riesgo la fragilidad de las islas y del parque universal de conservación de especies naturales que son las Galápagos. Patrimonio de la humanidad”.

Es necesario señalar que a los dos aeropuertos de Galápagos (Baltra y San Cristóbal) hacen 252 vuelos comerciales a la semana y  en 2018 hubo, 3097 vuelos, de manera que los esporádicos vuelos del Orión P3, en nada van alterar el medio ambiente de nuestras islas encantadas.

Ahora, los mismos que exigían que no sea renovado el convenio de colaboración (1999-2009) para que pueda operar la ayuda norteamericana desde la Base de Manta y que hablaban perversamente de la Base «norteamericana» de Manta, ahora se oponen y ponen el grito al cielo porque un avión norteamericano, equipado con la más alta tecnología de detección electrónica, opere desde la isla San Cristóbal de Galápagos, cuando la colaboración es necesaria y fundamental frente al peligro del narcotráfico y sus secuelas. No hay semana en que no tengamos información sobre  la aprehensión, en diferentes lugares de nuestro país, de cientos de kilos y hasta toneladas de droga.

 

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