Chapman: El Socialismo del siglo XXI creó «autoritarismo y estancamiento económico»

El presidente Lenín Moreno junto al exembajador de los Estados Unidos en Ecuador, Todd Chapman.

El embajador saliente de Estados Unidos en Ecuador, Todd Chapman, cree que el Socialismo del siglo XXI ha «perdido fuerza» y «credibilidad» y que el presidente Lenín Moreno, con los cambios que ha efectuado, ha transformado esta ideología en una visión de «izquierda pragmática».

En una entrevista con Efe con motivo de la finalización de sus funciones, que comenzaron en tiempos del expresidente Rafael Correa (2007-2017), Chapman considera que esta corriente, allá «donde se ha implementado, ha creado pobreza, autoritarismo y estancamiento económico».

Y agrega que el «modelo» no está funcionando en Nicaragua, en Venezuela ha dejado un «desastre» y que, por lo tanto, Moreno es «todavía más revolucionario porque lo que está haciendo es transformar esta ideología, que no dio frutos, en una visión de izquierda pragmática».

«Creo que está evolucionando hacia un nuevo modelo para la izquierda en América Latina», sentencia sobre un mandatario a quien califica de «filósofo político» y de «visionario y pragmático al mismo tiempo».

Ecuador, que abandonó este viernes después de tres años de misión, Chapman llegó tras una larga carrera diplomática por varios países de América Latina, África y Afganistán, pero destaca de su último destino la peculiaridad de que la relación bilateral no fuera «de las mejores» y, sin embargo, entre la gente, Estados Unidos era aún «muy popular».

Preguntado por Efe sobre si le sorprendió en 2017 el viraje de Moreno, elegido como heredero de Correa, confiesa que «no es que no le sorprendiera», pero gente a su alrededor «que no eran correístas puros» ya le habían advertido que era «un hombre con otra visión, otra historia y que traería cambios».

«¡Yo no sabía cuáles!», exclama, pero «fue él» quien tuvo «la iniciativa para mejorar la relación con EE.UU.».

En ese sentido recuerda una reunión con el cuerpo diplomático días después de ser nombrado presidente en 2017, en la que dijo que «iba a refrescar sus relaciones con todo el mundo, pero identificó específicamente a EE.UU.».

Allí también agregó, prosigue Chapman, que él no se definía «como izquierda o derecha», que «para él su ideología es Ecuador«: «¡Esta frase fue bastante fuerte! Demostraba pragmatismo de un hombre de la izquierda y esto fue revolucionario para el país».

Fue así como la tensión política comenzó a transformarse en una aproximación progresiva a todos los niveles, con colaboración estadounidense en aquellos ejes identificados como prioritarios: apuntalar valores democráticos y la lucha contra la corrupción, apoyar en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico, reactivar el comercio bilateral y asistir a Ecuador a salir del parón económico en el que se hallaba a finales de 2016.

«Ahora es una relación (…) que está creciendo muy rápidamente para el beneficio de nuestros países. (Estamos) reconstruyendo lo que teníamos antes», dijo.

Un ejemplo concreto ha sido el crucial apoyo de Washington para la reciente obtención de una serie de préstamos por valor de 10.000 millones de dólares de entidades como el FMI o el Banco Mundial.

Chapman también dice haber viajado «nueve veces» a Nueva York para reunirse «con gente de Wall Street y grandes inversionistas», e «incentivar interés en los cambios que se están generando en Ecuador«.

Un apoyo que generó sentimientos de «traición» entre los grupos correístas, que acusaron a su exaliado de «vender la patria» y de hasta poner fin al asilo del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, por intereses extranjeros.

Con un bien pulido lenguaje diplomático, el ya exembajador estadounidense lo justifica en una «evolución política» de Moreno porque, aunque se habló del tema, asegura que «a la final, fue una decisión soberana del Gobierno de Ecuador por sus propios intereses».

«Nuestra relación ya estaba creciendo rápidamente antes de la decisión de terminar el asilo», subrayó, y aunque «Assange fue parte de la discusión», es «solo uno de los 20 a 30 temas que estamos trabajando constantemente».

El correísmo también ha acusado a Moreno de someterse a las demandas del FMI para efectuar reformas económicas y laborales que considera antisociales.

Para Chapman, reconocible en cualquier acto por su sombrero de paja toquilla y que ha vivido 17 años en América Latina, incluido Brasil, las transformaciones responden a una necesidad de cambio.

Y alude a su última reunión con el mandatario ecuatoriano, el martes, en la que este le reiteró que no ve problema en «ganar dinero con la mano derecha y repartir con la izquierda», con el fin de ser productivos y a la vez sensibles socialmente.

«¡Esa es su visión!», proclama sobre una «nueva izquierda pragmática» que «no ve la creatividad y productividad del sector privado como amenaza sino como oportunidad», pero que «también muestra que quiere casa para todos y más sanidad pública».

«Creo que la visión del presidente va a crear oportunidades aquí en Ecuador y será un modelo para América Latina», concluyó. EFE (I)

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