Economía del sentido común: las personas responden a incentivos
París, Francia
Un viejo principio de la economía reza justamente así: “las personas responden a incentivos”.
Un viejo principio de la economía reza justamente así: “las personas responden a incentivos”.
Éste es uno de esos raros casos en los que conviene comenzar por el final.
“No pueden hacerme esto a mí”, fue lo primero que dijo Nicolás Leoz cuando se conoció el pedido de extradición que hizo la justicia norteamericana que asegura tener pruebas de que aprovechó su paso por los organismos que mueven el fútbol mundial para obtener pagos irregulares; es decir, cobrar coimas.
Una delgada mujer se contornea torpemente sobre sus tacones por Albion Street.
No conformes con ganar salarios millonarios y viáticos; con vender nuestro patrimonio biodiverso a China; con llenar las arcas fiscales con el dinero que obtienen de la persecución judicial a los medios independientes que quieren fiscalizarlos, ahora también pretenden quedarse con una tajada de nuestro patrimonio familiar.
Dicen que el primer pensamiento que invade la mente al despertar, ocupa un sitio prioritario en nuestras vidas.
Aparentemente la sociedad se ve forzada a huir cada vez más de su realidad.
El reciente debate sobre los impuestos de herencia en la legislación ecuatoriana pone al desnudo un asunto ignorado por la economía ortodoxa durante mucho tiempo (incluyendo la variante RC) y me refiero aquí a los principios morales en que se apoya cualquier relación de intercambio.
1) El presidente ha dicho “no creo en las herencias”.
La exposición de motivos del Proyecto de Ley Orgánica de Distribución de la Riqueza, enviado a la Asamblea Nacional por la Presidencia de la República, y mediante el cual se busca subir drásticamente el impuesto a la herencia en Ecuador, es como para enmarcarlo.
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