Bernardo Tobar
Quito, Ecuador
Desde que se inventaron las excusas nadie queda mal, especialmente consigo mismo. El peso de la historia familiar, las experiencias de la infancia, las malas influencias, el contexto parroquial, la religión -o la falta de ella-, incluso la banda sonora de la película cotidiana, que tanto le canta al fracaso, al amor no correspondido, grato es llorar cuando afligida el alma y otras líricas como para deprimir al más espabilado, sin mencionar las creencias instaladas de la colectividad, tan dependiente de las teorías de la dependencia, parecerían marcar un destino, persuadir al individuo que su suerte está echada, que no debe preocuparse de soñar e intentarlo porque todo indica que se trata de la crónica de un fracaso anunciado.
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