
Amando la bomba
Salamanca, España
“Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar a la bomba” dejó de ser el título de una película de Stanley Kubrick (1964) para convertirse en un tema de actualidad candente; y de ser una comedia pasó a ser un drama.
“Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar a la bomba” dejó de ser el título de una película de Stanley Kubrick (1964) para convertirse en un tema de actualidad candente; y de ser una comedia pasó a ser un drama.
Acabo de ver “Alondras en el alambre” (Jiri Menzel, 1969) basada en el libro, “Anuncio una casa en la que ya no quiero vivir” de uno de esos escritores que se dan muy de vez en cuando en un siglo, el checo Bohumil Hrabal.
No es invento nuestro porque también la he escuchado en España: “la izquierda caviar”.
Más que un humorista, “El Roto”, el viñetista del diario español “El País”, es un filósofo.
Un profesor de Oxford (Reino Unido), desconcertado por el examen que estaba dando un alumno, le pidió a un colega que le ayudase.
La polémica, que se ha vuelto clásica ya, de si es mejor el sonido del disco de vinilo o el compacto (CD), está superada.
Desde que se entregó por primera vez el Premio Nobel de Literatura en 1901 hasta nuestros días, solo dos escritores rechazaron el galardón… a medias.
Si tuviera que elegir entre ver o soñar, Abbas Kiarostami, el realizador cinematográfico iraní, no dudaría en elegir el soñar.
Las fotografías y los datos que encuentro en los periódicos de Asunción son estremecedores ante un panorama que, por más repetido que sea, no deja de producir una profunda desolación.
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