Rafael Correa
¡Síganme los buenos!
Quito, Ecuador
Con esta frase de guerra, el Chapulín Colorado lanzaba el combate convencido de que su grito convocaría a muchos y desataría una verdadera cruzada. Segundos más tarde, un Chapulín solo y ridiculizado retornaba al grupo con la cabeza gacha y el espíritu desinflado.
Correa promoverá inconstitucionalidad de disposición del Código Civil
Maduro: «no se pueden realizar más cumbres sin la presencia de Cuba»
Abogados de Correa retoman juicio contra Calderón y Zurita
Correa agradece a Santos pero aún no sabe si irá a Cartagena
Por qué Cuba no debe ir a la Cumbre de las Américas
Guayaquil, Ecuador
Escribo estas líneas, en la tarde del jueves 29 de marzo, mientras escucho por la web al canciller Ricardo Patiño argumentar, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Washington, en contra de lo que él describe como la dictadura de los medios de comunicación en contra de los ciudadanos. Debo confesar que nunca he escuchado a una autoridad de tan algo rango argumentar, en una tribuna de esa importancia, tesis tan contrarias al sentido común y a las libertades de los ciudadanos con una soltura que hasta pareciera que lo dice fuera cierto.
No más cocteles sin Cuba
Guayaquil, Ecuador
Luego del escándalo internacional por el juicio contra El Universo, Correa ha llamado la atención del mundo hispanohablante por su resistencia a acudir a la próxima Cumbre de las Américas en Cartagena. Sus razones: no hubo “consenso” —léase, autorización de Washington— para invitar a Cuba y prefiere quedarse trabajando en Ecuador antes que perder el tiempo en reuniones donde no se va a decidir “cosas importantes”. Luego de una serie de aplazamientos, se espera para el próximo lunes su decisión final, pese a que el presidente Hugo Chávez ya dijo que los miembros del ALBA —bloque que integra a Cuba— sí asistirán una última vez para protestar por la exclusión yanqui contra el país hermano.
¿Rafael Thatcher?
Guayaquil, Ecuador
Este sábado, mientras hacía la cola en la Comisión de Tránsito para matricular mi carro (luego de haber pagado un nuevo impuesto disfrazado de verde), caí en ese acto masoquista que había logrado evitar desde hace algún tiempo: me puse a escuchar el monólogo sabatino de Correa por la radio. Pero algo raro sucedió esta vez. Mis oídos quedaron confundidos. En lugar de ese Rafael Correa socialista, estatista y populista, escuché todo lo contrario.
