Ecuador. Miércoles 18 de enero de 2017
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No poner los huevos en un solo cesto, lección del 2015 para Latinoamérica

El presidente Rafael Correa luego de cumplir con la agenda en Francia en la COP21. Foto: Miguel Romero / Presidencia de la República

La excesiva dependencia de las materias primas y el fortalecimiento del dólar pusieron en una difícil situación a América Latina en 2015, tras una inusitada década de bonanza cuyos efectos se evaporaron por completo en algunos países.

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En conjunto la economía regional se contraerá un 0,8 % este año, según dio a conocer en noviembre Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), organismo que comenzó el año con previsiones positivas y las ha ido reduciendo paulatinamente hasta usar el signo menos.

Por países hay unos que cerrarán el año con crecimiento pero a un ritmo menor que el pasado, algunos que mostrarán un estancamiento, como Argentina y Ecuador, y otros que sufrirán una contracción, como Brasil y Venezuela, debido fundamentalmente a la caída de los precios de las materias primas, la desaceleración en China y Europa y las perspectivas de una subida de los tipos de interés en EE.UU.

En general, se puede decir que a la zona occidental de la región, la más cercana al Pacífico, le va mejor que a la oriental, la que se baña en el Atlántico, una vez terminada la bonanza.

La “fiesta”, como la definió Enrique Iglesias, expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), al anunciar su fin en agosto pasado, ha dejado un regusto amargo y muchos comentarios acerca de si se trata de una nueva “década perdida” para la región.

El malestar puede aumentar a medida que la población sienta los efectos de los obligados ajustes, que han sido postergados en algunos países para no perjudicar a las fuerzas oficialistas en las citas electorales de este año.

Pero, sobre todo, este nuevo descalabro económico ha puesto en evidencia que los países latinoamericanos siguen siendo enormemente dependientes de la exportación de materias primas.

Con sus elevados precios del último decenio, en gran parte debidos a la avidez de China, las materias primas fueron las grandes generadoras del ya pasado “boom”, pero también han sido las causantes de su fin cuando han dejado de tener precios de oro, como ha ocurrido con el crudo, la soja o el cobre, entre otras de interés para América Latina.

Los expertos consideran que la reducción de la demanda por parte de China y las perspectivas de un mayor fortalecimiento del dólar si suben en diciembre las tasas de interés de Estados Unidos auguran una debilidad sostenida en los mercados de materias primas.

Mientras muchos critican que los Gobiernos latinoamericanos no hayan aprovechado la oportunidad para despegar a la economía de las materias primas y hacer más por erradicar la pobreza, cuyos índices, después de haber descendido notoriamente, están estancados desde el año 2012, otros advierten de la necesidad de no llorar sobre la leche derramada.

Este es el caso del ejecutivo de Merrill Lynch Juan Pablo Cuevas, quien en unas recientes declaraciones a El Nuevo Herald de Miami señaló que el gran desafío de los países latinoamericanos es “mirar hacia delante” y estudiar ahora cómo hacer que sus economías se sustenten en una “mezcla más equilibrada” entre materias primas y “productos terminados”.

En un reciente informe, el grupo danés Maersk, líder mundial de transporte de carga, advirtió de que la desaceleración que empezó a sentirse hace cuatro años no significa que “toda la región esté envuelta en una espiral de crecimiento negativo” y señaló que vislumbra a algunos países “lo bastante maduros como para liderar el cambio hacia economías sostenibles”.

Diversificar las economías para hacerlas menos dependientes de las materias primas, buscar nuevos mercados mediante la firma de acuerdos comerciales e invertir más en infraestructuras son los ingredientes de la receta de Maersk para “capear mejor el temporal”, según Omar Shamsie, presidente de Maersk Line en la región.

En México, por ejemplo, el Gobierno ha mantenido hasta fines de noviembre las previsiones de crecimiento económico para 2015 en un rango entre un 2 y un 2,8 %, gracias al empuje del “motor interno”, especialmente de la inversión y el consumo.

En el tercer trimestre la economía mexicana creció un 2,6 % respecto del mismo trimestre del año anterior.

La otra cara de la moneda es Brasil, cuya economía se contrajo un 1,7 % en el tercer trimestre si se compara con el segundo y un 4,5 % si se compara con el mismo periodo de 2014.

Según una encuesta publicada esta semana por el Banco Central de Brasil con pronósticos de analistas privados, la economía brasileña se contraerá un 3,19 % este año y la inflación cerrará 2015 en un 10,38 %. EFE [I]

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