Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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Roque Espinosa y la nueva historia ecuatoriana

Carlos Arcos Cabrera
Quito, Ecuador

Roque Espinosa, escritor e historiador, acaba de publicar Desmemoria y olvido: la economía arrocera en la Cuenca del Guayas 1900-1950 (Quito, Universidad Andina Simón Bolívar).

Carlos Arcos Cabrera
Quito, Ecuador


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Roque Espinosa, escritor e historiador, acaba de publicar Desmemoria y olvido: la economía arrocera en la Cuenca del Guayas 1900-1950 (Quito, Universidad Andina Simón Bolívar). No recuerdo si fue Fernand Braudel y en cuál de sus textos quien afirmaba: Cuando los galos aceptaron el trigo, aceptaron a Roma. No entrecomillo las frases, pues la memoria es lábil y no quiero corre el riesgo de ser sometido a la nueva inquisición academicocrática que domina el campo universitario ecuatoriano, por no citar como se debe. En todo caso algo parecido dijo Braudel.

Cuando los galos aceptaron el trigo, no aceptaron una semilla, una forma específica en que la naturaleza se presenta: aceptaron una cultura, una forma de cultivo, una tecnología de siembra, cosecha, almacenamiento y procesamiento del grano que Roma había a su vez adaptado de Grecia y ésta a su vez del acumulado histórico agrícola del llamado Creciente Fértil.

Desmemoria y olvido: la economía arrocera en la Cuenca del Guayas 1900-1950, de Roque Espinosa, analiza lo que sucedió en términos económicos, políticos y culturales en una sociedad en proceso de formación como la ecuatoriana, cuando el arroz se hizo presente hacia finales del siglo XIX, en un comienzo con pequeñas importaciones, hasta convertirse en el principal producto de exportación a partir de la segunda guerra mundial hasta la década del cincuenta y, sobre todo, en el principal componente de la dieta de los ecuatorianos. El arroz, al igual que el trigo para los galos, no solo es una semilla, una especie natural, es una tecnología, una forma de de siembra, de cosecha, procesamiento, almacenamiento y uso, una cultura.

En las primeras tres décadas del siglo XX, el arroz se convierte en el alimento nacional, parte central de la dieta de todos los grupos sociales y de todas las regiones. Este hecho que podría considerarse secundario, se convierte en crucial a la hora de entender la conformación del Ecuador Moderno. Es ese sentido Desmemoria y olvido:… es a mi juicio la más audaz, sistemática y documentada propuesta de investigación de la historia económica y social del Ecuador.

No podía ser de otra manera. Conozco a dos historiadores, Roque Espinosa y Carlos Marchán Romero, que combinan una formación teórica de una solidez infrecuente en la investigación académica ecuatoriana, en el campo de la historia económica y social; un trabajo de fuentes documentales exhaustivo y una erudición que puede llegar a ser asfixiante. ¿Se puede esperar algo distinto de un historiador? No, definitivamente no. Son condiciones intrínsecas de su actividad.

Roque Espinosa inicia el libro con una crítica radical a las interpretaciones dominantes (desde los años setenta) sobre el papel del mercado externo y la dependencia en la conformación de la economía y del Estado en Ecuador por parte de Agustín Cueva, Fernando Velasco, Carlos Larrea, entre otros estudiosos, fuertemente influenciados en su momento por la Teoría de la Dependencia. Esta visión ignoró la importancia histórica de la producción orientada al mercado interno y a los intercambios regionales entre Costa y Sierra. Sostiene Espinosa «Al margen del reconocimiento de un estatuto secundario, así como de la escasa importancia de los sectores internos sobre el conjunto de la economía, esta interpretación incorpora, además, la subsidiaridad del mercado interno respecto del sector exportador en tiempos de auge, más no en épocas de crisis.

A partir de esta constatación y a lo largo de veintiún capítulos, Roque Espinosa estudia cómo en torno al arroz se amplió la frontera agrícola en las zonas inundables de la cuenca del Guayas, permite la irrupción de nuevas formas sociales de explotación como los facilitadores, arrendadores y sembradores, el surgimiento de las primeras formas de agroindustria con la instalación de las piladoras, la incorporación del arroz en la dieta de los estratos populares, primero de la cuenca del Guayas, de Guayaquil y Esmeraldas y también de la Sierra. Esto último implicó reacomodos productivos de gran significación como el desplazamiento o por lo menos la pérdida de importancia de la papa, el arroz de cebada y el maíz entre otros productos, en la dieta. El arroz se convirtió en el más importante bien salario alimenticio de los sectores populares ecuatorianos.

La producción y la exportación de arroz, la conformación de lo que el autor llama el «complejo» arrocero a partir de 1910, fue la base que permitió la irrupción de un nuevo bloque dominante en que participaron propietarios de tierras, industriales ligados al sector, propietarios de la grandes piladoras, financistas y exportadores que fueron los grandes beneficiarios del ciclo del arroz y que además controlaron el Estado y diseñaron las políticas a su favor. Este bloque dominante basó su riqueza en la expoliación de un amplio sector de campesinos y asalariados ligados al complejo arrocero.

A más de una visión original sobre la historia agraria, económica y social del Ecuador del siglo XX, Desmemoria y olvido:… constituye el mayor aporte a los estudios regionales y a una comprensión marcadamente diferente de la historia de la cuenca del Guayas. En tal sentido se ubica críticamente en la tradición de los estudios regionales y específicamente sobre la economía y la sociedad de Guayaquil y su entorno rural como los de Michael T. Hamerly, Lois Crawford, Manuel Chiriboga y Juan Maiguashca. Difícilmente los futuros estudios históricos sobre el mundo rural y la economía y sociedad ecuatoriana, así como los estudios sobre región y nación podrán prescindir de   Desmemoria y olvido:…

Para Roque Espinosa «La historia es un esfuerzo de memoria; como narración, […] es también una expresión de poder de las élites dominantes. El poder … da contenido al pasado … estatuye la manera de contarlo […] establece el sustrato de que se sirve la crítica histórica para repensarlo… Como toda narración condena a la desmemoria una parte de los acontecido: aquello que es innombrable.» La historia del complejo arrocero, una historia de explotación inclemente y de exacción de ingentes recursos por parte de una elite económica regional ha sido hasta el presente: desmemoria y olvido. El voluminoso y complejo estudio de R. Espinosa replantea la forma en que se ha construido la historia económico-social del Ecuador del siglo XX.

El estudio concluye con un homenaje a una literatura que en el pasado dio cuenta de la realidad. Espinosa nos recuerda— nadie pensó sobre la producción arrocera:… exceptuando ese gran escritor, Enrique Gil Gilbert, que escribió una enorme novela: Nuestro pan.

Curiosa analogía que nos retorna a la reflexión inicial sobre el trigo, los galos y Roma. Nuestro pan, hasta el día de hoy, es el arroz, cultivado por campesinos y asalariados empobrecidos y explotados, actores de una historia desconocida. Quién sabe si junto al arroz llegaron también las formas serviles de relaciones sociales que caracterizaban a las sociedades que lo cultivaron originalmente.