Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Patricia

María Fernanda Egas
Miami, Estados Unidos

Ella piensa que tuvo que caerse un cuarto helicóptero Dhruv para que en el Ecuador se hablara de su marido.

María Fernanda Egas
Miami, Estados Unidos


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Ella piensa que tuvo que caerse un cuarto helicóptero Dhruv para que en el Ecuador se hablara de su marido, asesinado el 19 de diciembre del 2010 en un episodio del que la justicia ecuatoriana ha dado un dictamen preliminar precedido de inusuales denuncias del perito internacional: la delincuencia común.

Patricia Ochoa casi no sale de su apartamento de 100 metros cuadrados al cual debió mudarse cuando un sujeto en un Hummer negro y plata sin placas ingresó a la urbanización en la que vivía y preguntó por su hijo. Como si no hubiese sido suficiente con haber visto tendido a su marido, desangrándose en la sala de su casa, luego de vivir la angustia y el terror de que su hija estuviese siendo secuestrada.

Han pasado más de 4 años desde el crimen del general Jorge Gabela, quien denunciara la compra irregular de 7 helicópteros hindúes Dhruv, por considerarlos inconvenientes para la Fuerza Aérea ecuatoriana. Patricia recuerda que su esposo investigaba en internet los accidentes en que habían sido protagonistas estos helicópteros y de los cuales ahora solo quedan tres en el Ecuador.

“El amó mucho a su gente, a la Fuerza Aérea. Dejó ahí los mejores años de su vida. Cuando se retiró lo único que le pedí fue que nunca más volara. Le tengo miedo a las alturas”. ¿Cómo así se casó con un aviador? “Así es la vida!”, dice Patricia.

En sus planes no estaba el matrimonio. Hasta que conoció a Jorge Gabela. Ella tenía 18 años. Oriunda de Esmeraldas, su familia la había enviado a estudiar a Manta desde pequeña. Gabela cumplía allí su pase. “No cumplía ni 27 años cuando lo conocí. Era un hombre totalmente diferente. Un hombre bueno, que le gustaba la verdad en toda la extensión de la palabra”.

Cuando se casaron fueron a vivir a Guayaquil. Gabela era quiteño pero le gustaba mucho esta ciudad. Tuvieron tres hijos, a quienes Patricia aún llama sus niños y que a la muerte de su padre tenían 24, 22 y 20 años. Si hay algo que aún le parte el corazón a Patricia es que ellos vayan a buscar el consejo de su padre ante su tumba. En la pareja, Gabela era el conciliador con los hijos, y ella siempre mantenía las reglas más firmes, fruto de una herencia educativa muy rígida de sus padres. “A diferencia de lo que se piensa de un militar, mi esposo siempre decía “tranquilos, todo va a salir bien”. Creía que a los chicos había que darles libertad para equivocarse y también ayudarlos a corregirse”.

Cuando Gabela sufrió el atentado daba asesoría en una universidad. “Al principio los alumnos le tenían mucho recelo porque era general. Luego acabaron conversando con él. Ya en el hospital fueron los universitarios a visitarlo, y lloraban sabiendo lo que le había pasado”, recuerda Patricia a quien esto le impactó mucho.

En el momento en que Patricia vio a su marido tendido en el piso de su casa salió corriendo para intentar detener a los que habían atentado contra su vida. Desde entonces no ha parado de hacerlo. A veces piensa que da un paso adelante y siente que da tres para atrás. Si bien se dictó sentencia a los autores materiales, ella no siente que se ha llegado a la verdad. “Por más que trato, siempre hay algo que no deja que se encamine el caso. Desde un principio sentí que no querían investigarlo. Con los abogados llegamos a la conclusión de que por lo menos teniendo a los autores materiales, un día podríamos llegar a los autores intelectuales”, dice Patricia, quien dice que su primera gran desilusión fue que un testigo haya sido torturado por la policía para que diera una versión diferente. “Eso me marcó mucho. Nunca pensé que eso podía suceder”.

La viuda del general Gabela se ha reunido con todos los funcionarios imaginables para exponer su caso: cinco ministros, entre ellos el Ministro del Interior en marzo del 2012, “y no pasó nada”, la Asamblea Nacional, la Fiscalía General del Estado y hasta con el mismísimo Presidente. Eso fue el 10 de julio del 2012. “Pensé que mi pesadilla que entonces tenía más de dos años, iría a terminar”.

Intentos por amedrentarla no han faltado. Al cumplir los tres años de la muerte de su esposo, recibió un correo electrónico anónimo y cuya investigación duerme en alguna fiscalía.

Y ahora la que tiene tres juicios encima es ella.

“Sé que los juicios son para intimidarme, para que no proceda en mis peticiones de justicia, pero no me quedaría tranquila si no pido justicia por el asesinato de mi marido”.

Un cuarto juicio solo complica más su panorama. La compañía HAL, representante en Ecuador de los helicópteros Dhruv, demandó a Gabela y ahora ella ha heredado el juicio.

¿Cómo han actuado los miembros de la institución por la cual Gabela lo dio todo? Patricia entiende que es difícil manifestarse para quienes estén en servicio activo, siempre sujetos a disciplina “No los juzgo pero hasta para eso hay un límite. Ha habido una cadena de omisiones dentro de la misma Fuerza Aérea, de aquello que ellos llaman “insumos” y que no fueron entregados a las autoridades competentes.”

Patricia cuestiona que nunca se haya investigado ni la persecución que sufrió su marido al hacer las denuncias, ni la registrada amenaza de muerte recibida por otro general. Tampoco la figura de “alias Francis” en esta historia, quien fuera preso como autor material del crimen, luego puesto en libertad, para acabar acribillado por otro sicario dos años después.

“Hay dos personas que dicen que están rezando por mi y que me apoyan en mi lucha. Eso me da fuerza para seguir” dice ella, quien ahora está sintiendo muchísimo interés en las redes sociales por el asesinato del general Gabela, su marido por 26 años. “Lo único que me mantiene en pie es la fe en Dios y mis hijos”. Sigue esperando el informe del Comité Interinstitucional que es la única instancia por superar a nivel nacional. “No tengo fe en el informe. Pero algún día se sabrá la verdad”.