Ecuador. Martes 23 de Mayo de 2017
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Yo no olvido al año viejo (1)

Víctor Cabezas
Quito, Ecuador

Los árboles de navidad van presurosamente poblando los almacenes, aparecen las luces intermitentes blancas, rojas y verdes, los bombillos, los osos polares, el nacimiento del niño Dios y ese olor a musgo fresco evoca el sentimiento de que este 2015 se nos va agotando.

Víctor Cabezas

Y en la cosa política, más allá de los increíbles sucesos del año–de lo que seguramente se encargarán de informar los medios de comunicación-, hay temas que se nos van quedando pendientes y que, ojalá, no se extingan definitivamente una vez entrado el 2016. Iremos revisando algunas de esas “papas calientes” que nos deja el saliente 2015:

1. Yachay, una caja de pandora: La salida del rector de Yachay dibujó una cortina de humo sobre el modelo de gestión del proyecto educativo bandera del Gobierno y uno de los más ambicioso de la historia ecuatoriana. A su salida, Fernando Albericio denunció un despilfarro de recursos públicos, salarios astronómicos, una Comisión Gestora que administra Yachay desde California para la lenta construcción de un “ yo me llamo Silicon Valley”. Al final, hubieron declaraciones del nuevo rector que desmintieron las acusaciones de Albericio, pero nada más que eso. No hubo una investigación que nos diga a los ecuatorianos cómo se está manejando nuestra plata en Yachay, porqué los gestores y el propio Rector están Estados Unidos ganando 16mil dólares mensuales por “diseñar” la universidad a miles de kilómetros de distancia. Puede ser que técnicamente existan razones para que los ejecutores del proyecto no residan en Imbabura sino en California, puede ser, sin embargo, ningún funcionario ni de Contraloría ni de Senescyt pudieron informar debidamente sobre este quisquilloso particular. Lo que es más preocupante, desde el morbo que ocasionó en los medios las declaraciones del saliente Albericio, nada más se ha dicho sobre la inquietante situación de Yachay.

2. El IESS ¿quién quedará parado en ese baile de las sillas?: El Gobierno dice que no puede subsidiar una institución pública que tiene superávit de caja, que lo más eficiente es garantizar los depósitos mediante un mandato legal. Entonces, cuando se necesite esa plata, el Gobierno al que, por mala suerte le toque enfrentar un problema de caja en el IESS, tendrá que pagar. Lo que en principio parece una conclusión muy lógica -¿porqué subsidiar a alguien que no lo necesita?- sin duda es problemático cuando hablamos del IESS, una caja de pensiones que por excelencia, no puede pensar en el corto plazo, en el presupuesto para este, el otro o los siguientes cuatro años. La lógica del “que pague al que le toque” no funciona en una entidad que tiene por fin dar seguridad social en el tiempo, asegurar que un trabajador de 30 años, cuando llegue a los 70 pueda tener una pensión jubilar, unos fondos de reserva, un ahorro asegurado para el futuro. El retiro del subsidio a una institución de la naturaleza del IESS es como ponerle Play a la grabadora en un baile de la silla, probablemente de aquí a veinte años los mandatarios estarán bailando y rondando el constante miedo a que esa canción pare. Como toda melodía, parará intempestivamente y quien no haya podido sentarse, por puro efecto del azar, tendrá que pagar una millonaria suma al IESS. Habrá que ver, en todo caso, qué pasa con la eliminación de este subsidio, quién quedará parado en ese baile de la silla que hoy armoniza nuestra seguridad social.

Continuará.