Ecuador. Jueves 23 de Marzo de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

#YoSoyCarlosAcosta

María Fernanda Egas
Miami, Estados Unidos

Conocí a Carlos Acosta cuando descubrí a la resistencia en Estados Unidos.

Sí, esta ha existido desde antes de la última reelección presidencial, antes de que el país despertara de este largo letargo de los petrodólares, conocido como milagro ecuatoriano.

Publicidad

Cuando el presidente solicitó en su alocución televisiva que le fuera enviada una lista de los nuevos ricos de su partido, Carlos Acosta lo hizo desde su cuenta de Twitter. El presidente, iracundo, incitó a sus partidarios a demandar y a “cocachear” a Carlos.

Carlos Acosta, como muchos ecuatorianos residentes en el exterior que anhelan mejores días para su país, no deja de luchar ni un día en las redes sociales. Puede parecer muy cómodo, pero no lo es. Se pierden horas de sueño y sabemos que puede acarrear consecuencias. Mi cuenta de @Twitter @maferegas está suspendida desde aquél día en octubre del año pasado en el que anuncié una entrevista de Lourdes Tibán en CNNE. Coincidentemente, la cuenta de ella también ha sido suspendida.

Desde fuera prevalece la impotencia. El año pasado, un sobrino de Carlos fue secuestrado a la salida del colegio en Quito y fue rescatado por las fuerzas de seguridad. Pero desde fuera también es más fácil ser inmune a los 8 años de propaganda gubernamental, la misma que hoy dirige su mira hacia Carlos. Se arriesga la tranquilidad y la seguridad de la familia en Ecuador, como ya ha empezado el sagacísimo aparato de inteligencia a operar contra los más vulnerables de la familia de Carlos.

Quiero que esto quede por sentado. Que cuando las futuras generaciones vuelvan a ver y a repasar el socialismo siglo XXI en el Ecuador, coincidamos en que no es más que un castrochavismo, económicamente fallido, opresor, que utiliza técnicas de la ex URSS y de la antigua Gestapo para atemorizar y vigilar a sus víctimas. Que la ciudadanía entregó su libertad a cambio de un empleo que ya se extinguió, de pagar carreteras con sobreprecio, de una seguridad social arruinada, de un imaginario creado por la opulenta maquinaria de la Secom.

Quiero que sepan que Carlos es real. Llama con auténtica preocupación para comentar la deuda a la que nos obligan a los ecuatorianos con los créditos chinos, el despilfarro de los viajes oficiales, de las sabatinas y del Ministerio del Buen Vivir, la inseguridad y el alto costo de la vida en el país. Es tan real que siempre ha sido el primero presto a ayudar, hasta con las ideas más locas, en pro de la democracia, el respeto a los derechos humanos y la libertad del país.

La última vez que lo vi organizaba un evento para ayudar a recaudar fondos para dos amigos con cáncer. Había consagrado varios días de esfuerzo a este proyecto y además tocaría la guitarra y cantaría en honor a los enfermos. Esa misma mañana, otro amigo había tenido un accidente, y fue a Carlos a quien llamó, y quien “voló” a socorrerlo y llevarlo al hospital.

Así es Carlos. Así #YoSoyCarlosAcosta