Pese a la petición del propio Barack Obama, que advirtió de que la ejecución de Humberto Leal sería una violación de las leyes internacionales, nada ha frenado la voluntad del gobernador de Tejas, Rick Perry, de aplicar hoy la inyección letal a este mexicano de 38 años que se ha convertido en el último símbolo de la polémica por la pena de muerte en Estados Unidos.

Leal recibió el jueves por la mañana las últimas visitas de sus amigos y familiares, entre ellos su hermana Mary, que estuvieron con él un par de horas en una sala especial para estos casos de la prisión de Huntsville, dotada de cristales blindados. Más tarde llegaría su última cena: tacos de carne asada, pollo frito, pico de gallo y coca colas.
En su argumentación ante el Supremo y ante el gobernador de Tejas, los abogados de Obama denunciaron que Leal, como ciudadano mexicano, aunque emigrado de niño a Tejas, debería de haber sido informado de su derecho a contactar con el consulado mexicano tras su detención en 1994 como sospechoso del asesinato de la joven Adria Sauceda.
El gobernador Perry es una destacada figura del Partido Republicano con confesadas intenciones de aspirar a la presidencia. Pertenece a su ala más conservadora, la que corteja los votantes que exigen ley y orden en la frontera y mano dura con los inmigrantes mexicanos.
Humberto Leal era un inmigrante sin educación que llegó con dos años a este país y trabajaba como mecánico en San Antonio cuando fue detenido. Fue la última persona a la que se vio con la víctima y en su casa se encontró una blusa con sangre que pertenecía a la muchacha asesinada. A las pocas horas de su arresto, confesó ser el autor del crimen.
