Quito, Ecuador
Jesús, sorprendentemente, habla de un pecado imperdonable: la «blasfemia contra el Espíritu Santo». Parece que lo califica así porque se trataría de un rechazo deliberado a la misericordia de Dios, que está siempre a nuestra disposición. O sea: sería imperdonable porque no queremos perdón. Ahora, ¿existe en nuestra sociedad, que también tiene sus mandamientos y sus castigos, sus propios pecados imperdonables? ¿Hay acciones que no tienen vuelta atrás? ¿Hay decisiones que nos pueden marcar irreversiblemente, aunque fuera solamente la intención de hacer algo? The Drama (2026) trata sobre eso, pero en un contexto concreto que añade tensión a esas preguntas. Charlie (Robert Pattinson) y Emma (Zendaya), acompañados por sus mejores amigos, están en la prueba de comida para su boda, que será en pocos días. Seguramente ya se tomaron algunos vinos de más, cuando deciden que cada uno diga su “secreto inconfesado”, la peor cosa que ha hecho en su vida. Salen a la luz tres episodios de bullying que son pasados por alto –“perdonados”–, porque surge también el secreto de Emma, que desencadena the drama: en medio de su abandono adolescente estuvo envuelta en discursos y en la estética de tiroteos en escuelas, hasta que planificó uno que, sin embargo, finalmente no se dio. A pocas horas de unir sus vidas para siempre surge la pregunta: ¿Se trata de un pecado imperdonable? ¿Estamos frente a una irredenta psicópata que lleva años en silencio, pero que en cualquier momento llevará a cabo esa pesadilla de adolescencia? ¿Qué pecados sociales no tienen perdón? Y ya que estamos en un contexto de boda: ¿Qué tiene que ver el amor a otra persona con el pasado de esa persona? La película que escribe y dirige el noruego Kristoffer Borgli utiliza un vertiginoso montaje que intercala sueños, pasado, imaginaciones, presente, para sumergirnos en la ansiedad que genera este secreto desvelado. La confusión crece en medio de todos los juicios que esa nueva información genera, hasta que Borgli en la escena final quizás toma partido. ¿Es demasiado naif y romántico pensar que los seres humanos podemos tener arreglo? ¿O cada época tiene la responsabilidad de hacer una lista de sus pecados irredimibles?

