Inteligencia artificial y el movimiento ludita

Joselo Adrade

Guayaquil, Ecuador

Ahora que está de moda utilizar la inteligencia artificial, moda que, por cierto, llegó para quedarse, muchos vuelven a alarmarse ante lo que consideran una amenaza para las formas de trabajo que conocemos.

Empecemos por reconocer que hay algo de cierto en mucho de lo que empieza a escucharse: las cosas cambiaron y cambiaron para siempre. El detalle es que aún no somos conscientes del impacto de aquello que, como especie, nos toca afrontar. Spoiler alert: para bien.

El mundo como lo conocíamos ya cambió. Ni siquiera los futurólogos —aquellos que estudian de manera sistemática los cambios que podríamos experimentar dentro de pocos años— son capaces de determinar todo lo que la IA puede hacer ni adónde nos conducirá. Sin embargo, hay algo que sí sabemos: su impacto aún se subestima.

El mundo como lo conocíamos ya cambió. Lo que la IA es capaz de hacer, y a donde nos va a conducir ni los futurólogos (aquellos que de forma científica estudian los cambios que experimentaremos a la vuelta de “unos” pocos años), son capaces de determinarlo, sin embargo, desde luego, hay cosas que sí sabemos: Su impacto aún es subestimado.

Pero vayamos a aquello que «nos preocupa». Hace dos siglos, numerosos artesanos y trabajadores textiles observaron con estupor la expansión de distintas máquinas de hilado, tejido y acabado. Aquellas innovaciones transformaron la industria y las formas de vida de la época.

Uno de los efectos de la mecanización textil fue el abaratamiento progresivo de las telas y, con el tiempo, de la ropa. Antes de la producción mecanizada, confeccionar prendas demandaba muchas horas de trabajo y podía resultar muy costoso; la variedad y la calidad eran, por así decirlo, lujos al alcance de pocos.

El abaratamiento de la ropa trajo consigo cambios profundos en la industria (desplazó a quienes hasta ese momento producían a mano, trajes y vestidos), y desde luego, ello no fue visto con buenos ojos, al menos por ellos, producto de esto surgió un movimiento llamado movimiento ludita, en honor a Nedd Ludd su líder, su propósito destruir los telares.

Saltemos al presente. Hoy la ropa ya no es privilegio de unos pocos: la hay de todos los tamaños, colores, marcas, modelos y precios. Existe, además, una vasta industria de la moda, con diseñadores, fabricantes, vendedores y modelos. Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con la IA?

La IA ya alteró la forma en que casi todos hacemos las cosas. Esta disrupción tecnológica, inédita por su velocidad y alcance, traerá —como otros cambios que la precedieron— consecuencias que ni siquiera sus creadores podrán anticipar. Ocurrió con los computadores, internet, Google, el wifi y los teléfonos inteligentes, por mencionar solo algunos. De esas innovaciones surgieron ocupaciones y prácticas antes difíciles de imaginar: los influencers, los creadores de contenido y las reuniones por Zoom, que nos permitieron trabajar y encontrarnos a distancia de una manera antes excepcional. Vamos cerrando.

Si quieres comprender mejor cómo afectan las innovaciones tecnológicas a nuestra especie, quizá convenga leer a Joseph Schumpeter, quien popularizó el concepto de «destrucción creativa»: la innovación desplaza actividades, empresas y empleos, al tiempo que abre espacio para nuevas actividades, empresas y empleos.O, simplemente no olvides que vivimos en una realidad, en que nuestras necesidades siempre serán ilimitadas, y los recursos escasos. La pregunta relevante no es si la IA destruirá tareas —lo hará—, sino qué nuevas capacidades, ocupaciones y formas de prosperidad permitirá crear.

Seguimos conversando.

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