El Buijo, Ecuador
Quienes vivimos en Samborondón conocemos una rutina que no debería haberse vuelto normal: revisar si hay agua antes de bañarnos, llenar recipientes por si vuelve a irse, preguntar en los grupos de vecinos si la presión regresó y esperar comunicados que, muchas veces, llegan tarde o no se cumplen como fueron anunciados.
En cada sector el problema se siente de manera distinta. Algunas urbanizaciones tienen cisternas y sistemas de bombeo que permiten resistir por días; otros sectores, como Buijo Histórico, sienten la falta de inmediato. Pero la diferencia no cambia el problema de fondo: las cisternas también necesitan llenarse. Cuando la presión baja o el servicio no retorna en el horario informado, esos sistemas se vacían y la afectación termina alcanzándonos a todos. Residentes de la zona han advertido que la baja presión dificulta el abastecimiento normal y, en ciertos casos, los obliga a recurrir a tanqueros.
No estamos hablando de una incomodidad menor. Hablamos de familias, adultos mayores, niños, pequeños negocios y trabajadores que deben organizar el día alrededor de un servicio que debería ser continuo. En Ciudad Celeste se han reportado problemas prolongados de baja presión; en Buijo Histórico, vecinos han señalado que el agua llega por pocas horas de madrugada o que pasan largas jornadas sin suministro. En otros sectores, hogares y administraciones han tenido que complementar el abastecimiento con bidones o tanqueros.
Amagua, la empresa concesionaria responsable del agua potable y alcantarillado, ha explicado distintos cortes por daños en la red, fugas emergentes, mantenimientos eléctricos y aumento de demanda. Es comprensible que una red requiera mantenimiento y que una fuga obligue a intervenir. El 31 de mayo, por ejemplo, se anunció una suspensión de alrededor de catorce horas por trabajos en la planta La Toma y mantenimiento de infraestructura eléctrica; el corte afectó a sectores como Ciudad Celeste, Buijo Histórico, El Cortijo y Vereda del Río.
Pero una fuga puede explicar un día; un mantenimiento puede explicar una jornada; una emergencia puede explicar un corte. Lo que no explica por sí solo es que se normalicen meses de baja presión, interrupciones repetidas, horarios de restablecimiento que no siempre se cumplen y avisos que, según habitantes, llegan demasiado tarde. En un corte emergente reportado el 31 de agosto, Amagua calculó que el servicio se recuperaría alrededor de las 17:00; residentes indicaron que, pasadas las 22:00, seguían sin agua.
Allí es donde el cansancio se convierte en reclamo. No podemos vivir pendientes de un tanque, de un bidón o de un camión cisterna mientras se nos habla de una ciudad moderna, de alta plusvalía y de desarrollo. Si se han autorizado más urbanizaciones, comercios y proyectos, también debe exigirse que la infraestructura hídrica responda a ese crecimiento. No puede seguirse construyendo como si el agua fuera un detalle que se resuelve después.
Amagua ha reconocido anteriormente, al abordar problemas de suministro en Mocolí, que influyen los daños en la red y el aumento de la demanda. Esa explicación no cierra el debate: lo abre. Si la demanda creció, ¿qué se hizo para aumentar la capacidad de producción, almacenamiento, bombeo y distribución? ¿Qué inversiones se ejecutaron, cuáles faltan y en qué plazos podremos conocer una solución estable? La ciudadanía merece respuestas técnicas, pero también comprensibles y verificables.
Como habitantes del Buijo, esta preocupación nos toca de cerca. Nuestros mayores recuerdan tiempos en que el agua dependía de la marea y de las canoas que llegaban al pueblo. No pretendemos volver a esa realidad, ni aceptar que en pleno crecimiento urbano el agua vuelva a definir nuestras rutinas. Tenemos redes, sistemas de bombeo, plantas y nuevas construcciones alrededor. Lo mínimo que debemos exigir es que ese avance se traduzca en un servicio digno y confiable.
Una propiedad puede ganar valor, pero eso no llena un tanque vacío. Puede hacer más atractiva una zona para invertir, pero no sirve de mucho si quienes vivimos aquí debemos calcular cuánto almacenar, dónde comprar agua o cuánto tiempo más resistirá una cisterna. No estamos en contra de que Samborondón crezca. Estamos en contra de que crezca sin previsión, sin explicaciones y sin asumir el costo que ese crecimiento impone a quienes ya vivimos aquí.
La Alcaldía de Samborondón abrió el 29 de agosto un expediente de verificación de cumplimiento contra Amagua, tras las quejas por interrupciones y deficiencias sostenidas. Solicitó un informe técnico, un plan de contingencia y seguimiento a los estándares del servicio. Es un paso necesario, pero no suficiente si se queda en el anuncio. La Alcaldía debe informar qué encontró, qué exigirá a la concesionaria, qué plazos fijará y qué ocurrirá si los incumplimientos persisten.
Con las elecciones seccionales del 29 de noviembre cerca, este debería ser un tema central para quienes quieren dirigir Samborondón. No basta con ofrecer seguridad, parques, vías o nuevas obras. Los candidatos deben explicar cómo impedirán que el crecimiento urbanístico supere la capacidad de los servicios básicos, cómo fiscalizarán a Amagua y cómo garantizarán agua continua, presión suficiente y avisos oportunos.

La pregunta no es si Samborondón debe seguir creciendo. La pregunta es si crecerá de manera responsable, pensando en quienes ya vivimos aquí y en quienes llegarán después. Una propiedad puede ganar valor, pero ese valor no reemplaza el agua que debe llegar a cada casa. Si de verdad queremos hablar de progreso, empecemos por lo más básico: que abrir una llave no sea una incertidumbre, sino una garantía.
