Carlos Cobo Marengo
Guayaquil, Ecuador
Actualmente, el gobierno se encuentra ajustando la devolución del Impuesto a la Salida de Divisas a exportadores, esto como parte de su supuesta estrategia para recortar el gasto tributario y mejorar los incentivos productivos.
El Comité de Política Tributaria ha resuelto que las materias primas e insumos que califican dentro del beneficio ya no estarán definidas por una lista estática, sino por un catálogo dinámico que ira siendo actualizado y modificado por el Ministerio de Producción.
De esta forma se ajustará de manera periódica que sectores o actividades podrán acceder a la devolución de este impuesto, en función de la política productiva del gobierno. Este ajuste forma parte de los compromisos asumidos con el Fondo Monetario Internacional para focalizar mejor los incentivos.
A pesar de todo, la realidad es que este impuesto no debería ni siquiera existir porque distorsiona decisiones económicas, desincentiva la inversión, entorpece la libre movilidad de capitales castigando los capitales que entran a nuestra economía y afectando a los ciudadanos de todo el país con el encarecimiento de los precios.
Aunque el ISD se aplica a la salida de dinero de nuestro país, en la práctica evita su entrada, porque los inversionistas consideran que de meter dinero en nuestro país tendrán que pagar altos costos por sacarlos después.
Encarece la producción nacional porque muchas empresas ecuatorianas necesitan importar insumos, pagar servicios al exterior y adquirir tecnología y herramientas para producir, dando como resultado un aumento de los costos de producción, pérdida de competitividad y productos finales más caros, afectando el bolsillo de los ecuatorianos.
Su vigencia sumada a la regulación excesiva que mantiene el sector bancario, provoca que nuestro país mantenga mayores costos financieros, trabas para integrarnos al sistema financiero global y dificultad para realizar operaciones internacionales.
Mantenerlo afecta directamente la inversión, productividad, y los salarios, envía una señal negativa para los inversionistas y emprendedores de todas partes del mundo generando desconfianza y mayor riesgo.
El mejor de los incentivos debería ser eliminarlo, fomentar la atracción de inversiones y ajustar el entorno institucional. Pretender mejorar sus efectos mediante listas o catálogos es ignorar el problema de fondo: el ISD no necesita ser perfeccionado, necesita desaparecer. De lo contrario, seguiremos administrando distorsiones en lugar de corregirlas.
