París explora el legado de Paul Cézanne

Imagen del cuadro 'La Montagne Sainte-Victoire au grand pin', de Paul Cezanne. Si se necesitan más razones para visitar París, la enorme exposición que el Grand Palais le dedica a Cézanne debería estar en el top. Casi dos centenares de obras para explorar tanto el trabajo del francés como su legado artístico y su relación con otros artistas. EFE/ Grand Palais/Courtauld Gallery

Con casi dos centenares de obras, el Gran Palais de París pone en el foco este otoño la obra de Paul Cézanne (1839-1906) en diálogo con la de los artistas que, desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, encontraron en él la libertad para reinventar la pintura, como Henri Matisse, Pablo Picasso, Andy Warhol o David Hockney.

Titulada ‘Cezanne et nous’ (‘Cezanne y nosotros’), escrito sin tilde porque así era como firmaba él mismo sus cuadros, la muestra se podrá visitar del 23 de septiembre al 17 de enero en el imponente palacio junto al Sena y busca demostrar que la influencia de Cézanne no tiene comparación, al ponerlo en relación con el trabajo de otros 60 artistas desde su época hasta nuestros días.

«Hay una continuidad en la mirada de los artistas hacia Cézanne», explicó este lunes Claire Bernardi, directora del Museo de l’Orangerie y una de las comisarias de esta exposición, durante la presentación a la prensa del proyecto.

Su legado es como «un hilo», explicó Bernardi, que recorre la historia del arte hasta hoy y que, a diferencia de lo que ocurre con otras figuras, nunca se ha interrumpido. Por eso, la exposición parisina comienza declarando al pintor de Aix-en-Provence como «un artista para los artistas».

Clara influencia

La primera prueba para demostrar esta tesis es su ‘Le Baigneur’ (‘El gran bañista’), de 1885, que el fotógrafo alemán Wolfgang Tillmans utilizó como motivo, en forma de postal, en una de sus fotografías tomadas en 2021. Su influencia también es clara en el ‘Bather’ (‘Bañista’) del escocés Peter Doig (2023), presentado en diálogo junto a las otras dos obras.

Pero mucho antes que Tillmans o Doig, uno de los primeros en fijarse en él fue su contemporáneo Paul Gauguin, en un momento en el que la crítica oficial aún se burlaba de sus «excesos».

De hecho, a pesar de haber participado en exposiciones impresionistas y en grandes salones en París, Cézanne, con 43 años, había decidido retirarse de vuelta al sur de Francia, a su Aix-en-Provence natal.

Gracias en gran medida a Gauguin, al marchante Julien Tanguy y al galerista Ambroise Vollard, otros artistas van descubriendo con estupefacción su obra y encuentran en Cézanne el camino para enfrentarse al realismo radical de la fotografía y para reinventar la representación pictórica.

«En mis momentos de duda, cuando aún me buscaba a mí mismo, temeroso a veces de mis descubrimientos, pensaba: si Cézanne tiene razón, yo tengo razón», decía sobre él Henri Matisse, que es uno de los «cezannianos» más presentes en esta muestra por la influencia clara que se aprecia en sus retratos, bodegones y también en su propio ‘Baigneur’, de 1909.

Más allá de la pintura

El legado de Cézanne, además, no se puede circunscribir ni a estilos ni a medios. Se expande más allá de la pintura y su rastro se puede adivinar tanto en el cubismo de Picasso y Georges Braque como en el resurgir de la abstracción tras la Segunda Guerra Mundial o incluso en los bodegones de arte pop de Tom Wesselmann, donde la manzana -un motivo recurrente de Cézanne- es protagonista.

«La mirada de los artistas sobre Cézanne no se agota», describió este lunes el conservador Michel Gauthier, otro de los comisarios de la muestra, que tiene su punto fuerte, según sus propios responsables, en la decisión de abordar el legado de manera global, y no centrado en la influencia de Cézanne sobre un movimiento artístico en concreto.

La forma en la que otros artistas citan sus retratos es otro de los grandes apartados temáticos de la muestra, ya que Cézane, más que buscar el parecido físico, buscaba expresar la relación del personaje con el mundo a través de la forma, el color y la luz.

Es algo parecido a lo que ocurre con sus paisajes impresionistas, que plantean una suerte de armonía paralela a la naturaleza, y que aparecen como otro de los ejes clave de ‘Cezanne et nous’, en especial los de la montaña Sainte-Victoire.

Cézanne pintó su silueta más de 80 veces entre 1878 y su muerte en 1906 y eso sirvió de influencia a autores actuales como Vera Molnár, francesa de origen húngaro y pionera del arte informático, o al chino Zao Wou-Ki, en su díptico ‘Hommage à Cézanne’.

En sus compases finales, la muestra no se deja tampoco en el tintero las obras sin concluir del maestro francés, ya que pocos artistas han dejado tantas obras sin terminar, e invita a pensar en cómo esta metafísica de lo inacabado influyó en la abstracción. EFE (I)

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