Opinión

Democracia a correazos

Editorial del diario El Comercio
Lima, Perú

Rafael Correa, presidente de Ecuador, ha anunciado que, en solidaridad con Cuba, no asistirá a la sexta Cumbre de las Américas dado que le resulta incomprensible que la isla, siendo parte del continente, aún siga siendo excluida de este foro. Aparentemente, los latinoamericanos tenemos que solidarizarnos con todo Estado del continente, independientemente de lo que este haga o sea. Por ejemplo, parece que no hace diferencia que uno sea una monarquía familiar, violadora sistemática de los derechos humanos y que desde hace más de cincuenta años es ama y señora de las completas vidas de sus ciudadanos.

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Opinión

El reino del absurdo: El no de Correa

Editorial del diario El Nacional
Caracas, Venezuela

Después de mantener el suspenso durante varias semanas, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, deshojó finalmente la margarita y en una carta al presidente Juan Manuel Santos declaró con toda solemnidad que no irá a la Cumbre de las Américas de Cartagena de Indias ni a ninguna otra que se celebre mientras él sea presidente de su país. De modo que ya el mundo sabe que no puede contar con sus luces. No quiere cumbres, está fatigado, ha asistido a todas y se siente defraudado. Para que Correa retorne a la escena, primero se deberán «tomar las decisiones que la Patria Grande nos exige».

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Opinión

Más sobre la preferencia al artista nacional

Por David Ochoa
Quito, Ecuador

La semana pasada expuse en este espacio las razones que mueven la norma de establecer una cuota de difusión de la música nacional (de cualquier género) en la radiodifusión. También se mostró el caso de otros países en que dicha regla existía, lo que ayuda a analizar la racionalidad y eficacia de las cuotas. Ahora presento un resumen de las normas actuales de preferencia al artista ecuatoriano.

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Opinión

Soleá por blues

Por Bernardo Tobar
Quito, Ecuador

Con la cara sombreada de lamento, esculpida a golpes del destino, cruzada por un gesto de dolor por existir, una mujer con setenta y largos años sube al escenario y recibe el micrófono como si se tratara de una posta al Cielo. Se le ilumina el rostro y un no se qué transforma su mueca sufrida en la expresión más acabada de la alegría de vivir; el corazón le late al compás del bajo, cuya vibración es la suya. Ahora se contonea, en medio del cortejo de acordes, vive, gobierna, hipnotiza. Ha hecho arte de su grito reprimido; la dureza le ha templado las cuerdas de la voz; retenerla a punto de llanto, rebelde, le ha dado ese color que no es técnica, ni ensayo, ni solfeo de conservatorio.

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