Miércoles santo
Quito, Ecuador
La literatura, fruto y testimonio de la sociedad de cada tiempo, se ha complicado. El relativismo ha despojado de referencias esenciales también al universo de la estética, donde anida la verdad, la belleza de la simplicidad. Un trazo, un gesto, una línea, unas pocas palabras enlazadas por el duende que atisbó Lorca bastaban para darle magia a la lectura, ese hechizo que trasciende el argumento, que baila sobre la tinta, que se desnuda de su prenda semántica, e invita, seduce, inspira.
