Venezuela 8-O: la historia continúa
Caracas, Venezuela
Una vez transcurridas las elecciones presidenciales, visualicemos el nuevo tiempo político que se abre como una oportunidad para que sigamos trabajando por la construcción de un mejor país.
Una vez transcurridas las elecciones presidenciales, visualicemos el nuevo tiempo político que se abre como una oportunidad para que sigamos trabajando por la construcción de un mejor país.
La Fiscalía General empezó, el viernes, una indagación fiscal, sobre el crédito del Banco Cofiec de 800 mil dólares, sin garantías válidas que permitan cobrar el dinero, al ciudadano argentino Gastón Duzac. La Contraloría General del Estado ha ordenado también un examen especial al otorgamiento de bienes incautados por el Estado, y pertenecientes ahora al Fideicomiso AGD No más impunidad, como garantía del préstamo de Duzac. Hoy, como hace una década durante la crisis bancaria, las autoridades de control han empezado actuar solo después de que la prensa independiente ha informado exhaustivamente sobre el caso.
Me produce un placer morboso ver la naturalidad, la espontaneidad con que mienten, pues ello fortalece mi capacidad de asombro; y esto es sano. No importa que el auditorio esté constituido por los estudiantes de La Matanza, uno de los municipios más populosos y depauperados de Buenos Aires, o de la Universidad de Harvard, que es no solo la más antigua de los Estados Unidos, fundada en 1636, sino es considerada la mejor universidad del mundo, por delante de otras como las de Stanford, Berkeley y el MIT (Massachusetts Institute of Technology).
Tan claros están los recuerdos de la crisis bancaria, de los retiros masivos de depósitos, del feriado que congeló los fondos de todos. Tanto que se insultó a los banqueros corruptos, con justicia, por haberse aprovechado del dinero de clientes que confiaron que manejarían con pulcritud sus fondos. Y no lo hicieron. Se dieron préstamos vinculados, del banco a sus otras empresas, no pagaron esas deudas y se fueron. Huyeron. Quedaron marcados los apellidos Aspiazu e Isaías. Este Gobierno se apropió de los canales de televisión de este último a nombre de los perjudicados. Y se prometió que nunca más ocurrirían fraudes iguales.
La corrupción ocurre en todas partes, en todos los tiempos, bajo todo signo político. Ni la honestidad ni la corrupción tienen marca registrada. No son propiedad de ningún partido, tendencia, forma de producción, credo religioso, raza, nacionalidad, cultura o lengua. La corrupción es tan connatural a la condición humana como lo son la envidia, la ambición, la codicia o la bondad. Simplemente está, es pasajera permanente de la civilización, como las ratas que se trepan a los buques por las cuerdas de anclaje.
Destapó la cloaca el superintendente de Bancos, en su reciente comparecencia a la Asamblea. Enhorabuena; inaceptable sería alcahuetear prácticas que escandalizaron al paisito en la crisis bancaria, ahora reeditadas en un banco bajo control del Estado, que al menos ha sido incapaz de impedirlas.
El contraste entre las dos alternativas que se les presenta a los venezolanos este domingo no podría ser mayor. Por un lado se presenta Hugo Chávez, quien tras trece años de gobierno, se presenta una vez más a la reelección con vistas a obtener un nuevo mandato de seis años, periodo que se desconoce si el cáncer que padece le permitirá terminar y por otro Henrique Capriles Radonki, el joven gobernador del Estado de Miranda, quien representa a la opositora Mesa de la Unidad Democrática.
Pese a los inmensos ingresos producto de los fabulosos precios del petróleo, actualmente en Venezuela hay escasez de todo. Especialmente de alimentos, de agua, de electricidad; la inflación acumulada es de más del 20 %; qué hablar de la violencia. Venezuela es uno de los países de mayor inseguridad de Latinoamérica.
Que el clima ha cambiado, qué novedad. Incluso ha cambiado hasta en la economía. Por ejemplo, desde hace unos 15 años comenzaron a soplar unos fuertes vientos, casi desconocidos, que impulsaron hacia arriba los precios de las materias primas y uno de sus efectos fue poner en tela de juicio a la tan mentada teoría del deterioro de los términos del intercambio.
Conversando con unos conocidos míos que se dedican al comercio exterior de bienes hacia y desde el Ecuador, me percaté de que observaban con preocupación la deriva que está tomando la narcoindustria «for export». Existe un temor creciente sobre la manera como se exportan productos ecuatorianos a diferentes mercados, porque cada vez es más común que, junto a cualquier bien exportado, aparezcan escondidos alijos de coca. O que diferentes estupefacientes, en todas las formas, colores y montos, se camuflen como un racimo de banano, un pack de camarón o una caja de latas de la agroindustria. El ingenio criminal no conoce límites y, al parecer, tampoco escrúpulos para usar un subterfugio que sirva de transporte. Existe una razón económica de peso: el bien escondido o camuflado vale mucho más que el legalmente exportado.
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