Sin libertad de expresión no hay democracia
Guayaquil, Ecuador
Hace poco Juan Fernando Carpio, en un interesante artículo publicado en La República, argumentaba con razón que la democracia no es, por sí sola, el mejor sistema de gobierno, puesto que el solo hecho de que la mitad más uno elija a un líder no garantiza el respeto a las libertades y derechos fundamentales de todos los ciudadanos. Para ello, debe aumentarse un ingrediente: la “república”. Solo en un sistema republicano es posible forjar una barrera entre el poder y los seres humanos. Es la conjugación de ambos elementos —una república democrática, que hoy ha derivado en un modelo de Estado constitucional— lo que permite una sociedad donde las personas no solo sean libres de elegir a su gobierno, sino que también sean libres para resistir el abuso de ese gobierno que eligieron.
