Por Vicente Albornoz
Quito, Ecuador
Esto es como querer enfriar una olla de presión con bolsitas de hielo, mientras que la hornilla está al máximo. O, siguiendo con las temperaturas extremas, es como tratar de curar una neumonía con aspirinas, mientras se mantiene al enfermo en la refrigeradora. Es de locos.
Imagínese un lindo país con vista al Océano Pacífico, en el que el Gobierno dispara el gasto público y cada día gasta más y más. Pero al mismo tiempo no trata bien a los inversionistas y la producción interna crece poco. El enorme gasto del Gobierno se va, sobre todo, a pagar altos salarios a innumerables funcionarios públicos que, a su vez, como andan «con plata en el bolsillo», quieren comprar muchas cosas.
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