Rafael Correa
Niegan excusa de Fiscal Gagliardo en Caso Chucky Seven
El vigilante de las Américas
Los Angeles, Estados Unidos
No sorprende a nadie que el presidente ecuatoriano Rafael Correa esté molesto con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (un grupo de vigilancia que protege de los abusos a los líderes indígenas, periodistas y organizaciones de la sociedad civil en el Hemisferio Occidental). Al parecer el sentimiento es mutuo, ya que la CIDH ha denunciado, con razón, los esfuerzos de Correa por limitar la libertad de expresión y la crítica en su gobierno. La CIDH también ha opinado duramente sobre el intento de Venezuela de prohibir a un candidato de la oposición a postularse para la presidencia contra Hugo Chávez.
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Traidores a la Patria
Quito, Ecuador
El Presidente Correa, con extrema ligereza, cada vez que hay voces discrepantes o críticas en relación a la seguridad y defensa nacional (sin medir la gravedad de sus palabras) los descalifica y los llama traidores a la patria. Veamos qué dice el diccionario militar sobre la palabra traición: “deslealtad, infidelidad; como delito militar, configura el de mayor gravedad y el de máximo deshonor; ya que consiste en servir al enemigo, y, por extensión en atentar contra los intereses supremos de la patria”. A través de la historia, conocemos que en muchos países, este delito ha sido castigado, al menos con prisión perpetua e incluso con la pena de muerte con deshonor.
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Correa advierte a la prensa en asuntos de seguridad nacional
Los presidenciables
Miami, Estados Unidos
¿Que ya estamos en campaña? Si no hemos dejado de estarlo desde el 2007. Es la constante del gobierno actual. Ni hablar a ciencia cierta de costos, porque ni siquiera se tomaron la molestia de informar el gasto en la campaña por la consulta popular. Ni hablar del milloncito que se gastó durante el Mundial de Fútbol para atacar a la prensa pero que no es nada comparado con cinco años de haber pautado su “mantenimiento” semanal con sabatinas nacionales e internacionales. Ni hablar de que cuenta con la obediencia de los múltiples medios de comunicación mal llamados públicos, cuya consigna clara es la reelección. Ni mencionar las gigantografías del líder supremo que irrumpen en los más bellos paisajes ecuatorianos.
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