Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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El dalái lama, un monje budista con estatus de estrella del rock

Venerado por tibetanos y budistas, de risa tan fácil como sonora y aspecto bonachón, el dalái lama XIV cumple 80 años convertido en un icono pop, con estatus de estrella del rock y un mensaje pacifista y medioambiental.


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Envuelto en su eterna túnica carmesí, el líder religioso certificó su tirón mediático y popular con su reciente aparición en el festival de música de Glastonbury en Reino Unido, donde compartió escenario con la cantante Patti Smith y cientos de personas le cantaron Cumpleaños Feliz.

Allí, el dalái lama entonó el mensaje humanista, pacífico e igualitario que le ha convertido en una referencia moral con una altura cercana a la del surafricano Nelson Mandela, el estadounidense Martin Luther King y el indio Mahatma Gandhi.

“Todo el mundo tiene el derecho a alcanzar una vida feliz”, afirmó el refugiado político más famoso del mundo, exiliado en la India desde 1959 y carismático rostro internacional de la lucha tibetana en viajes por todo el mundo en los que es recibido por políticos y celebridades.

Los escenarios de Glastonbury y las amistades en Hollywood estaban muy lejos de la mente del niño Lhamo Dondhup, nacido el 6 de julio de 1935 en Taktser, Amdo, en el Tíbet oriental, en una familia modesta de campesinos.

El destino de Dondhup cambió a los dos años de edad, cuando fue reconocido como la reencarnación del fallecido Thubten Gyatso, el decimotercer dalái lama, y recibió entonces el nombre de Tenzin Gyatso.

Tras una educación centrada en la meditación budista, el estudio de la religión y la filosofía, el dalái lama asumió el poder político y espiritual del Tíbet en 1950, dos meses después de la entrada en Lhasa de las tropas chinas.

Tras una fallida revuelta popular en Lhasa contra el dominio chino, el líder religioso cruzó en 1959 los Himalayas a pie y se instaló en la pequeña ciudad de Dharamsala, en el norte de la India, donde formó un Gobierno en el exilio.

A pesar de la enorme popularidad de la que hoy disfruta, el dalái lama fue muy poco conocido hasta la década de los 80, no viajó fuera de la India hasta 1967 cuando visitó Japón y Tailandia, no puso un pie en Europa hasta 1973 y Estados Unidos no le permitió la entrada en su territorio hasta 1979.

Fue en los años 80 cuando el líder tibetano comenzó a convertirse en un icono global, lo que condujo a que fuese premiado con el Nobel de la Paz en 1989.

Desde entonces el dalái lama se ha transformado en una de las figuras públicas más reconocibles del planeta, se ha reunido con más de 200 presidentes, primeros ministros, reyes y celebridades, y participa en tantos eventos en todo el mundo que su agenda se cierra con un año de antelación.

Apple usó su imagen en la campaña publicitaria “Piensa diferente” de 1997, en la que también aparecieron Thomas Edison y Albert Einstein, hizo un cameo en la popular serie de dibujos animados Los Simpsons y cuenta con 11,4 millones de seguidores en su cuenta de Twitter.

A pesar de su enorme popularidad, el dalái lama es un dios-rey sin dominios terrestres, ningún país reconoce su Gobierno en el exilio, no posee un pasaporte -como el resto de los 150.000 tibetanos exiliados usa un documento amarillo de refugiado- y él mismo afirma que no tiene casa.

China lo considera uno de sus mayores enemigos y trata de impedir sus viajes internacionales presionando a gobiernos, sus reuniones con políticos o sus conferencias, ya que considera al dalái lama un “lobo con hábito de monje”, un traidor y una amenaza para la unidad del país.

Desde hace tres décadas, el líder tibetano ha suavizado su mensaje y ya no usa la palabra independencia, sino autonomía real para el Tíbet dentro de China, una política que denominó “vía intermedia” que no ha provocado avances con el gigante asiático y no convence a parte del exilio.

Retirado de la política desde que en 2011 separó el poder político y el religioso al ceder las competencias de Gobierno a un líder elegido democráticamente, el dalái lama ha abierto la puerta al fin de sus reencarnaciones.

Sería una forma de hacer frente a la posibilidad de la existencia de dos dalái lama tras su muerte: uno elegido por el exilio tibetano y otro por el Gobierno comunista chino.

El dalái lama más “cool” podría ser el último. EFE (I)