Ecuador. miércoles 20 de septiembre de 2017
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Muere de un disparo el expresidente de Caja Madrid, imputado por corrupción

En esta imagen, tomada el 19 de diciembre de 2008, el expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, durante una rueda de prensa en la sede del gobierno regional de Madrid. Blesa fue hallado muerto el 19 de julio de 2017 con un disparo en el pecho en una finca privada de caza en el sur del país, dijo la Guardia Civil. (AP Foto/Francisco Seco)

Madrid.- El expresidente de la entidad española Caja Madrid Miguel Blesa murió hoy de un disparo de escopeta en el pecho en lo que parece un suicidio, aunque sin descartar la hipótesis de un accidente, informaron a Efe fuentes de la investigación.


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El cadáver fue encontrado a primeras horas de la mañana de hoy en una finca de la provincia de Córdoba (sur), adonde Blesa había acudido para cazar, actividad a la que era aficionado y para la que poseía licencia de armas.

El financiero estaba desayunando con un amigo, propietario de un coto de caza cercano, y en un momento determinado se levantó con la excusa de que quería mover de sitio su vehículo.

Instantes después el amigo escuchó un disparo y alertó de inmediato al guardés de la finca que avisó a los servicios de emergencias, que sólo constataron la muerte.

Aunque no se descartan otras hipótesis hasta que se practique la autopsia, las primeras conclusiones de la inspección ocular de los agentes de la Guardia Civil y de la autoridad judicial apuntan a un suicidio con una de sus escopetas.

Blesa presidió Caja Madrid entre 1996 y 2010, cuando cedió su puesto al ex director gerente del FMI y exministro de Economía Rodrigo Rato.

El financiero era buen amigo del expresidente del Gobierno conservador José María Aznar (1996-2004) y de su mano llegó a la dirección de Caja Madrid, una entidad pública que acumuló cuantiosas pérdidas, en especial con la crisis económica de la pasada década y que recibió más de 22.000 millones de euros de ayudas públicas en 2012.

Blesa estaba imputado en varios casos de corrupción relacionados con la gestión en la entidad financiera, que todavía está controlada por el Estado tras fusionarse con otras seis cajas de ahorro para formar Bankia.

En concreto, en febrero pasado Blesa fue condenado por la Audiencia Nacional española a seis años de cárcel por el uso de tarjetas de Caja Madrid opacas al fisco, aunque el recurso que presentó ante el Supremo evitó su ingreso en prisión.

Ese fue uno de los casos de corrupción más polémicos de los últimos años en España, porque hubo más de medio centenar de implicados – entre ellos el ex director gerente del FMI Rodrigo Rato, condenado a cuatro años y medio – y porque se trataba de una entidad que requirió cuantiosas ayudas públicas.

Blesa, que el 8 de agosto hubiera cumplido setenta años, también fue demandado por supuestas irregularidades en la compra del City National Bank of Florida, por la que en mayo de 2013 un juez español ordenó su ingreso en prisión, de donde salió un día después tras pagar un fianza de 2,5 millones de euros.

La publicación por la prensa de numerosos correos electrónicos enviados desde su cuenta de Caja Madrid, en los que se constataban algunos de los excesos cometidos desde su puesto, incluidas las tarjetas opacas, complicaron la situación judicial de Blesa y perjudicaron su imagen.

En las comparecencias ante los juzgados Blesa era frecuentemente insultado y tenía que ser protegido por agentes de seguridad.

Entre los que le increpaban estaban inversores afectados por la venta de determinados productos financieros de especial complejidad que arruinaron a muchas personas en España en años pasados, entre ellos jubilados que tenían sus ahorros en Caja Madrid.

Este caso, conocido como el “de las preferentes“, por el nombre del producto financiero, y el de las tarjetas opacas de uso personal por parte de directivos de la caja, lastraron la imagen de Blesa, cuyos bienes fueron embargados por orden judicial para hacer frente a responsabilidades pecuniarias.

El caso ha generado una gran conmoción en España, donde las reacciones han sido mayoritariamente de respeto en la hora de la muerte, sin olvidar los problemas judiciales de la víctima. EFE

(I).