Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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“El odio, la envidia, la soberbia, ensucian la vida”, dice Francisco

CIUDAD DEL VATICANO — Francisco definió las prioridades de su pontificado, en una homilía en la que apeló a la protección del medio ambiente y el servicio a los más necesitados en la solemne misa de inicio de su papado en la plaza de San Pedro del Vaticano, a la que asistieron casi 200.000 personas, además de delegaciones oficiales, reyes, príncipes y presidentes de más de 130 países.


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Tras ser investido con el palio de lana de cinco cruces rojas como pastor de la Iglesia universal, Francisco recibió el anillo del pescador, símbolo del papado como “pescador de almas” en referencia al apóstol Pedro. El flamante pontífice eligió un anillo de plata bañado en oro que representa la imagen de Pedro con las llaves del cielo.

Con estos dos gestos cargados de simbolismo, Francisco comenzó oficialmente su ministerio como sumo pontífice número 266 de la Iglesia católica, una religión que profesan 1.200 millones de personas en todo el planeta.

El pontífice invitó hoy a los fieles a la esperanza, a pesar -dijo- de las “nubes grises”.

“Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio y que también el papa para ejercer el poder debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz, debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe”, afirmó.

Foto AP/Gregorio Borgia

Francisco agregó que el papa debe abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, “pero especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños, al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado”.

Siguiendo a san Franscisco de Asís, de quien ha tomado el nombre, llamó a que se respeten todas las criaturas de Dios y el entorno en el que vivimos.

“Sed custodios de los dones de Dios”, exhortó, a la vez que aseguró que cuando el hombre falla en esa responsabilidad, “cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido”.

“Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen Herodes que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer”, manifestó.

En su línea humilde, pidió “por favor” a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social que “custodien” la creación.

“No dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia, ensucian la vida”, subrayó.

La ceremonia comenzó con la bajada de Francisco a la Tumba de San Pedro, en las Grutas Vaticanas, para orar ante el Apóstol junto a los patriarcas y arzobispos mayores de las iglesias católicas de rito oriental.

Mientras tanto, los cardenales esperaron alrededor del Altar de la Confesión, en el centro de la basílica de San Pedro, bajo el que se encuentra la tumba de Pedro, totalmente vacía de fieles.

Tras el rezo y en medio del canto de “Laudes Regiae”, letanías en honor de Cristo, en las que se resalta en nombre de los papas santos, Francisco salió a la plaza, donde se procedió al rito de la colocación del palio y del anillo del Pescador.

El cardenal protodiácono, el francés Jean Louis Tauran, el mismo que anunció su elección el 13 de marzo, fue el encargado de imponerle el Palio, antigua insignia episcopal.

Se trata de una estola confeccionada con lana de cordero que simboliza al Salvador, de 2,60 metros de largo y 11 centímetros de ancho, en la que están colocadas cinco cruces rojas, que recuerdan las cinco llagas de Cristo, con alfileres, que recuerdan los clavos de la cruz.

Después, el cardenal decano, Angelo Sodano, le colocó el anillo del Pescador. Francisco lo llevará hasta su muerte o renuncia, cuando el camarlengo se lo retire y lo machaque para que nadie pueda usarlo y a la vez para simbolizar el final del papado.

Después, seis cardenales en nombre del resto le mostraron obediencia.

La misa la concelebró con los cardenales y con el prepósito de la Compañía de Jesús, el español Adolfo Nicolás, y el General de los Franciscanos, el también español Javier Rodríguez Carballo.

Acudieron 132 delegaciones oficiales, entre ellas la de Argentina, encabezada por la presidenta Cristina Fernández; la de España, por los Príncipes de Asturias, y de todos los países latinoamericanos.

También asistió el patriarca ecuménico de Constantinopla, el ortodoxo Bartolomé I, el metropolita (arzobispo) Hilarion, de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y representantes de la Comunión Anglicana e iglesias protestantes.

Francisco, de 76 años, enfrenta un papado marcado por la profunda crisis de la Iglesia, sumida en diversos escándalos de corrupción. Sobre su papel como guía de los católicos, aseguró que el verdadero poder del sucesor de Pedro es el “servicio humilde” y rico en fe, especialmente dirigido a los más desfavorecidos.

Fue interrumpido por aplausos en algunas partes de su predicación, en la que también recordó a su predecesor, el ahora papa emérito Benedicto XVI.

Antes de la celebración litúrgica, que coincidió con la festividad de San José, recorrió en papamóvil descubierto una abarrotada plaza de San Pedro. El papa dio varias vueltas entre vítores y aplausos de los fieles en un día primaveral y soleado en Roma.

Bajó del vehículo en una ocasión para bendecir a un enfermo. También besó a varios niños durante el paseo, en el que las campanas de la basílica repicaron en señal de júbilo.

Numerosas banderas latinoamericanas y sobre todo argentinas, país de origen de Francisco, colorearon el recorrido del papa. Una de ellas, por ejemplo, mostraba una imagen grande del pontífice junto al escudo de su equipo favorito de fútbol en Argentina: San Lorenzo de Almagro.

Después de la misa, que duró menos de lo habitual tras unos ajustes del propio papa, comenzó un largo pasamanos en el interior de la basílica. Francisco aguantó de pie saludando dignatarios y representantes diplomáticos durante casi dos horas, en las que se pudo advertir su especial complicidad con los líderes de América Latina.

* Foto principal de AP/Angelo Carconi

Foto AP/Gregorio Borgia

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(Foto AP/Gregorio Borgia

Foto AP/Michael Sohn