Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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Un teléfono móvil como arma frente a los yihadistas en Siria

Estado Islámico. Foto de Cortesía.

Beirut, 26 nov (EFE).- No cuentan más que con su propia palabra y el teléfono móvil para denunciar los abusos del grupo Estado Islámico (EI), pero los activistas sirios que operan en las zonas bajo control de los yihadistas no se arredran pese a los riesgos que afrontan.


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Sobre los dieciséis miembros de la organización “Al Raqa está siendo masacrada en silencio” pende una “fetua” o edicto islámico de los radicales, que los han condenado a morir tras acusarlos de “apostasía” por trabajar contra el EI.

Uno de ellos, Abu Mohamed, huyó hace unas semanas de la provincia de Al Raqa, bastión de los extremistas en Siria, por temor a ser detenido.

“Escapé a Turquía porque fui descubierto por el EI. Un amigo me avisó y me dijo que huyera porque iban a registrar mi casa. Dos días después entraron en mi domicilio”, explica a Efe por internet Abu Mohamed, que tampoco se siente a salvo en el país de acogida porque, asegura, “aquí también opera el EI”.

Los activistas de su grupo, que comenzó a funcionar en abril pasado, usan nombres falsos y doce de ellos trabajan distribuidos en distintas áreas de la provincia de Al Raqa.

Desde allí, elaboran noticias y toman fotos y vídeos con sus teléfonos móviles para documentar los abusos que comete el EI y llamar la atención sobre la situación humanitaria, que luego publican en internet vía Facebook, Twitter o su propia página web.

Además de contar con esta red de “corresponsales”, tienen fuentes dentro del EI, sobre las que Abu Mohamed rehúsa ofrecer algún detalle.

Para estos activistas, trabajar en equipo es la mejor forma de protegerse de los radicales, aunque no por ello disminuye el peligro.

“En el pasado, perdimos a uno de los nuestros que fue capturado en un puesto de control (del EI) -rememora el activista-. Estuvo detenido dos meses y después lo ejecutaron”.

Un error puede ser fatal en Al Raqa, donde, según Abu Mohamed, el EI dispone de espías que son recompensados con dinero, coches y “poder”, además de con protección.

Lejos quedan ya los tiempos en que los ahora activistas eran estudiantes universitarios con sueños de futuro o empleados del sector privado.

El inicio de las protestas contra el régimen de Bachar al Asad en marzo de 2011 les llevó a militar en favor de la oposición y tras la irrupción del EI en sus vidas diarias dedican su tiempo a denunciar las atrocidades que comete.

Al Raqa es la única capital provincial en Siria en manos de los extremistas, que proclamaron un califato en el territorio sirio y el iraquí en junio pasado.

Una trayectoria similar han seguido los doce miembros de “Deir al Zur bajo el fuego”, otro grupo de activistas presente en la provincia de la que toman su nombre, entre los que hay antiguos universitarios, médicos, ingenieros y agricultores.

Su director, Wael al Omar, detalla a Efe por internet que tienen desplegados a ocho “corresponsales” en zonas que están bajo el dominio del EI.

También, recurren al material de “periodistas ciudadanos”, “que son algo típico de la revolución siria”, siempre y cuando cumplan unos estándares de “claridad y precisión” en las fotografías y los vídeos, así como de fiabilidad.

Pese a que el riesgo ya existía cuando el conflicto en Deir al Zur se limitaba a la lucha entre los rebeldes sirios y las fuerzas gubernamentales, con la llegada del EI “se ha multiplicado decenas de veces”.

Esta provincia fue tomada en gran parte por el EI en julio y tan solo queda en poder del régimen algunos barrios de su capital homónima y el aeropuerto.

Según los datos de Al Omar, al menos 91 activistas se han marchado de Deir al Zur desde el avance de los extremistas y cuatro les han jurado lealtad ante la imposibilidad de huir.

“El EI ha cambiado radicalmente la vida” en Deir al Zur, lamenta Al Omar, que narra el día a día en este lugar de Siria desde Facebook.

Los radicales han creado campos de entrenamiento para menores con el fin de “lavar sus cerebros” y ha impuesto el “niqab” (velo que tapa el cuerpo menos los ojos) a las mujeres y numerosas restricciones como la prohibición de fumar.

Además, han paralizado cualquier proyecto agrícola, de ayuda, servicios, educación o salud en las partes del territorio que están en su poder. “El EI nos está llevando a un desastre real a todos los niveles”, denuncia el activista.

A pesar de este panorama desolador, Al Omar se muestra resuelto a seguir con su labor, al igual que Abu Mohamed. Todo ello -aseguran- por una Siria libre de violencia donde se respeten los derechos humanos. EFE