Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

La conexión con Irán

Por Luis Sánchez Sancho
Managua, Nicaragua

El presidente de Irán, Mahmoud Ahmadineyad, concluyó en Ecuador su gira por cuatro países latinoamericanos que están sometidos a regímenes autoritarios, incluso Nicaragua, proclamando que a partir de ahora “América Latina no será más el patio trasero de Estados Unidos”. Sin embargo el dictador iraní no dijo si América Latina será ahora el patio trasero de Irán, o conquista del islamismo fundamentalista que desde su país se ha venido expandiendo por el mundo.

Por Luis Sánchez Sancho
Managua, Nicaragua


Publicidad

El presidente de Irán, Mahmoud Ahmadineyad, concluyó en Ecuador su gira por cuatro países latinoamericanos que están sometidos a regímenes autoritarios, incluso Nicaragua, proclamando que a partir de ahora “América Latina no será más el patio trasero de Estados Unidos”. Sin embargo el dictador iraní no dijo si América Latina será ahora el patio trasero de Irán, o conquista del islamismo fundamentalista que desde su país se ha venido expandiendo por el mundo.

Los analistas internacionales han discutido bastante sobre los objetivos de la gira latinoamericana del dictador iraní, específicamente por cuatro países cuyos gobernantes son hostiles a Estados Unidos: Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador. Pero aunque la gira de este dictador persa que pareciera tener pretensiones de ser un nuevo Nabucodonosor, provocó percepciones diversas, está claro que Irán no tiene el poder económico y militar que se necesitaría para llenar el vacío que Estados Unidos supuestamente está dejando en América Latina.

En el caso de Nicaragua, por citar un ejemplo, Ahmadineyad no ha podido cumplir los grandes ofrecimientos que vino a hacer en 2007. Irán ni siquiera ha condonado la deuda nicaragüense que se viene arrastrando desde los años ochenta y solo por intereses se ha triplicado desde entonces, saltando de 53 millones de dólares a 164 millones de dólares. Y si Irán no ha podido pagar el favor político de Ortega se debe sencillamente a que no tiene recursos para hacerlo, y antes bien está necesitando ayuda externa que le permita afrontar las consecuencias de las presiones económicas internacionales para que desista de su pretensión de fabricar el arma atómica.

En términos generales, los analistas internacionales y expertos en Irán han señalado que los objetivos de Ahmadineyad en su quinta gira por América Latina (y segunda visita a Nicaragua), pudieron ser los siguientes:

Primero, conseguir cobertura diplomática y respaldo político internacional a su enfrentamiento con Estados Unidos de Norteamérica y la Unión Europea. Segundo, obtener apoyo económico y comercial para reducir o minimizar el efecto de las sanciones que Estados Unidos y Europa están imponiendo a Irán por su sospechoso programa nuclear. Tercero, seguir creando en el hemisferio occidental, muy cerca de Estados Unidos, una plataforma potencial para librar también desde aquí la guerra asimétrica que podría derivarse de la crisis internacional iraní. Cuarto, tener acceso a las reservas ecuatoriana y venezolana de uranio, valioso mineral que es indispensable para la elaboración del arma atómica.

En lo que concierne a Nicaragua, es obvio que Daniel Ortega ha conectado o está conectando el país y su gobierno con la estrategia internacional aventurera de Irán que trasciende los límites geográficos del Oriente Próximo, en contraste con el pragmatismo que el mismo Ortega ha practicado internamente con el manejo responsable de la macroeconomía y las relaciones armoniosas con el sector empresarial independiente.

De manera que las grandes preguntas que flotan son: ¿Hasta cuándo podrá Daniel Ortega seguir practicando su aventurerismo internacional sin pagar consecuencias? Y, ¿le ocurrirá a Ortega lo mismo que en los años ochenta, cuando insertó a Nicaragua en el torbellino de la guerra fría y terminó arruinando al país y perdiendo el poder?

* Luis Sánchez Sancho es periodista nicaragüense. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario La Prensa, de Nicaragua.