Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Parientes

Por Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile

Parece que es difícil gobernar en el país sin la presencia directa o indirecta de parientes en las tareas de Gobierno. Ello se colige de cómo se han suscitado, sin importar color o tendencia política, a través de los años, escándalos vinculados con negociados, participación en eventos políticos o, derechamente, en el Gobierno mismo, de parientes de los gobernantes, de los ministros o de los grandes asesores. Descubierto el hecho, evidente una tela de araña que involucra diferentes ramificaciones familiares.

Por Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile


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Parece que es difícil gobernar en el país sin la presencia directa o indirecta de parientes en las tareas de Gobierno. Ello se colige de cómo se han suscitado, sin importar color o tendencia política, a través de los años, escándalos vinculados con negociados, participación en eventos políticos o, derechamente, en el Gobierno mismo, de parientes de los gobernantes, de los ministros o de los grandes asesores. Descubierto el hecho, evidente una tela de araña que involucra diferentes ramificaciones familiares.

Diera la impresión de que la presencia de algún miembro de la familia aumenta la probabilidad de que otro pueda ingresar en el Gobierno. Y no pienso en los puestos y/o negocios grandes. Hablo de todo un entramado en donde un apellido bien ubicado, como el abracadabra, abre muchísimas puertas. El árbol genealógico tiene un correlato con la estructura administrativa dentro del Gobierno. Así, de tan repetido el ejercicio, a nadie sorprende que toda la gama familiar -directa o política, cercana o lejana- se entronque en ese árbol que llamamos burocracia.

Este comportamiento guardaría relación con lo que muchos investigadores citan como un problema de desconfianza que subsiste en la sociedad ecuatoriana desde la Colonia. Es en la familia en donde hallaríamos un ancla en ese mar de sospechas frente a los otros.

El conocimiento cercano sobre quién es ese primo, tío o hermano, daría más tranquilidad para visar su participación en un proyecto político. Pero eso es asumir que el pariente tiene un compromiso de servicio público, y que al seleccionar un puesto o contrato, el burócrata no tiene un sesgo “hacia el familiar”.

Por más esfuerzos que haya realizado, el Gobierno de Alianza País no ha sido inmune a la “familiocracia”.

Me llama la atención que las iniciativas de transparencia no toquen los mapas genealógicos que la revolución ciudadana tiene en su seno. La búsqueda de este código genético-político sería importante para la probidad y para mostrar de qué va este iceberg, cuyo tamaño intuimos al ver su superficie.

El caso de Pedro Delgado es ejemplificador. La discusión sobre su declaración de bienes y sus derrapes taurinos queda en el campo de lo “anecdótico” comparado con su condición de presidente del directorio del Banco Central (BC) y primo en segundo grado del presidente, amén de esposo de una funcionaria del ministerio de RREE. No hay nada ilícito en esa extraña línea de parentesco burocrático. Pero surge una gran interrogante vinculada con que institucionalmente uno esperaría algo de independencia entre el BC y el Gobierno; de por qué se quieren implementar iniciativas que acentúen la tenaza gubernamental en la economía usando al BC como instrumento; de si existen indicios de ventas de los activos incautados, sobre todo los canales de TV; y si, más allá de la legalidad, queda algo de pudor cuando varios parientes-funcionarios públicos tengan esa condición. Y no les complique que sea “normal”.

* El texto de Juan Jacobo Velasco fue publicado originalmente en el diario HOY.