Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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Venezocracia

Por Gustavo Domínguez
Quito, Ecuador

Se han hecho todos los análisis posibles sobre las elecciones en Venezuela. Es innegable que hemos presenciado un proceso electoral en el que el principio fundamental de la democracia ha sido vibrante, contundente. Pocas, o ninguna democracia alrededor del mundo, por muy maduras o desarrolladas que se consideren, pueden reclamar para si los altísimos niveles de participación electoral que ha experimentado la cuestionada Venezuela chavista. Simplemente, el pueblo venezolano ha celebrado ante las urnas sus derecho de expresión de una manera casi unánime. Sin embargo, la democracia venezolana ha abierto un nuevo capítulo de análisis para los estudiosos y filósofos de esta forma de gobierno.

Por Gustavo Domínguez
Quito, Ecuador


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Se han hecho todos los análisis posibles sobre las elecciones en Venezuela. Es innegable que hemos presenciado un proceso electoral en el que el principio fundamental de la democracia ha sido vibrante, contundente. Pocas, o ninguna democracia alrededor del mundo, por muy maduras o desarrolladas que se consideren, pueden reclamar para si los altísimos niveles de participación electoral que ha experimentado la cuestionada Venezuela chavista. Simplemente, el pueblo venezolano ha celebrado ante las urnas sus derecho de expresión de una manera casi unánime. Sin embargo, la democracia venezolana ha abierto un nuevo capítulo de análisis para los estudiosos y filósofos de esta forma de gobierno.

Las prioridades de la democracia y electorado venezolano ratifican que los valores que acompañan a este sistema, se manifiestan en un orden extraño, que solamente pueden explicarse como característicos y representativos de los pueblos que la ejercen.

El gobierno chavista, precedido de casi 14 años de un régimen marcado de polémica, de promesas incumplidas, de acusaciones que lo identificaban con terrorismo y narcotráfico, de logros sociales y políticos cuestionados por la oposición, que sumados a un proceso revolucionario socialista que es rechazado contundentemente por los tradicionales sectores de mayor poder económico y mediático del país, se ha alzado con un triunfo electoral que se suma a cerca de decena y media de procesos democráticos que el pueblo venezolano le ha concedido emerger victorioso al Socialismo del Siglo XXI.

La democracia venezolana, no es una democracia cualquiera. Es un proyecto con características propias, con principios y prioridades diferentes a las marcadas por la teoría política. El desgaste del ejercicio del poder, nos han demostrado los resultados, no funcionó en Venezuela. Más han podido las dotes de encantador de serpientes del líder bolivariano, que ahora ocupa un lugar de liderazgo en los mitos políticos de nuestra historia latinoamericana. Nuestras democracias, siguen siendo cautivas y retorcidas por nuestro espíritu populista, por la elocuencia y facilidad sarcástica que ha caracterizado a muchos líderes que nuestras democracias han elevado a donde moran los dioses falsos.

Todo apunta a que este nuevo periodo del comandante estará marcado aún por mayores dificultades y controversia. La enfermedad del Presidente, el creciente y altísimo número de electorado que se manifestó por un proyecto radicalmente opuesto, los altos índices de inseguridad, la dependencia económica de la exportación y de los precios del petróleo, la baja productividad y el fortalecimiento de la oposición, son elementos que debilitan a una anunciada radicalización del proyecto socialista, y son combustible, como lo es el viento al fuego, para un proceso que seguirá prendiendo incendios. Pero Venezuela tiene su peculiar manera de manifestarse, y el experimentado presidente Chávez tendrá que seriamente considerar que los pilares más importantes de la democracia venezolana, se mantendrán incólumes, solamente si logra entender con sensatez un resultado electoral que expone una polarización peligrosa.

Si la base de la democracia es la manifestación del pueblo en las urnas, y consecuentemente el gobierno de las mayorías, no es menos cierto que esta depende del principio de respeto de las mayorías a las minorías, más aún cuando las dos son tan numéricamente cercanas. Es muy temprano todavía para tener claro hasta cuanto cederá a esta realidad el impetuoso liderazgo del ratificado presidente.

Venezuela ha cambiado el orden de los factores, y el electorado ha ignorado varios elementos adicionales que definen teóricamente a la democracia, por supuesto, respetando el más importante de ellos.

Desde lejos, hay que aplaudir el civismo de ese pueblo hermano, pero también hay que advertir que este modelo de Venezocracia, no es lo que aspiramos en otros lares de nuestra América.

2 Comentarios el Venezocracia

  1. Jorge Augusto Rodriguez // miércoles 10 de octubre de 2012 en 11:18 //

    El comandante ha manipulado a su favor el derroche economico del petróleo y eso es lo que le ha comprado su situación por estos años. No creo que exista diferencia en los próximos 6, mas allá de que las cosas empeoren para ese país y se agraven las diferencias y problemas. buen análisis.

  2. La democracia es importante para que el pueblo se exprese y hay que aceptar los resultados son dignidad, tanto ganadores como perdedores. no es una autorización para hacer lo que quieran los que ganan hay que respetar a los que pierden y a los otros poderes.

Los comentarios están cerrados.