Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

En la era de Messi

Por Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile

La historia tiene diferentes ángulos e interpretaciones. Los hechos están allí pero cada quien los interpreta a su manera. Esta relación no es permanente porque la interpretación va cambiando conforme la historia se alimenta de eventos tanto del presente como del pasado. Por ejemplo, hace cinco años a muchos nos parecía exagerado decir que Lionel Messi podía llegar a compararse con ese selecto club de jugadores que entran en la discusión sobre el mejor de la historia, con Di Stéfano, Maradona, Pelé y Cruyff. Pero ahora, son pocos los que pueden argumentar en contra de la cada vez más clara preeminencia del argentino sobre el resto de figuras históricas.

Por Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile


Publicidad

La historia tiene diferentes ángulos e interpretaciones. Los hechos están allí pero cada quien los interpreta a su manera. Esta relación no es permanente porque la interpretación va cambiando conforme la historia se alimenta de eventos tanto del presente como del pasado. Por ejemplo, hace cinco años a muchos nos parecía exagerado decir que Lionel Messi podía llegar a compararse con ese selecto club de jugadores que entran en la discusión sobre el mejor de la historia, con Di Stéfano, Maradona, Pelé y Cruyff. Pero ahora, son pocos los que pueden argumentar en contra de la cada vez más clara preeminencia del argentino sobre el resto de figuras históricas. No es un problema de estadísticas expresadas en goles, récords -como el que alcanzara este fin de semana, al romper el hito de Gerd Müller, der Bomber, con la mayor cantidad de goles convertidos en un año- ni títulos. Ni que la emocionalidad se rinda a los pies del paso avasallante de un jugador que cada año alcanza nuevos techos. O que el dominio que Messi expresa en la cancha lo ha llevado a ser calificado como el mejor jugador FIFA tres años seguidos y, posiblemente, al tranco que va, como el permanente candidato en toda esta década. Lo difícil del ejercicio se reduce a una idea: ¿puede un jugador de fútbol decidir el destino de un partido, un torneo y un equipo, y dejar con el resultado de ese destino un mensaje absoluto en la historia?

Tengo la impresión de que esa pregunta tiene una respuesta muy personal. El contexto histórico va cambiando. No hablamos del mismo fútbol cuando nos referimos a los sesentas del Real Madrid, el Santos ni la selección brasileña; a los setentas del Ajax, el Barcelona y la Naranja Mecánica; a los ochentas y noventas del Napoli y la selección argentina. Así como tampoco al Barcelona de los últimos seis años. Y de cómo la presencia de un solo jugador desnivela el marcador y potencia a equipos de estrellas –o de jugadores bien estructurados en una coherencia táctica superlativa- hasta convertirlos en máquinas cuasi perfectas y dominantes. Para convertirse en esos emblemas del poder en el fútbol, entendido como el poder de cambiar y forjar un destino, creo que a cada jugador estrella de las características de Messi y los otros grandes, les corresponde un sitio que nadie les puede arrebatar y que es relativo a lo que cada quien siente por el juego.

El fútbol mundial experimentó una transformación cualitativa en cuatro años, gracias a la irrupción del Barcelona dirigido por Josep “Pep” Guardiola –y hoy guiado por Tito Vilanova- y liderado en el campo por Lionel Messi. El equipo demostró que se puede ser exitoso, jugando bien y emocionando al público, de manera consistente. Lo hizo en el periodo de la historia con la mayor cantidad de aficionados (siete mil millones), nunca tan intensamente conectados.

Mi impresión es que Lionel Messi, en esta etapa de la historia hipermediática, hiperpoblada e hipercomunicada, es, por lejos, el jugador más dominante e inventivo. Y, en ese sentido, por un factor de magnitud, es el jugador dominante con mayor número de fanáticos en este momento histórico comparado con otros periodos. Los ojos del “Gran Hermano” mediático de nuestros días, han mostrado la progresión del argentino y no han dejado de explorar la sensación de asombro ante lo que es capaz de inventar. Y, como ha sido una progresión durante ocho años, siempre deja la sensación de que está rompiendo límites cada vez menos humanos. El acumulado –expresado en récords- solo evidencia su excepcionalidad.

Pero a eso hay que agregarle algo más. Las generaciones menores a treinta años han vivido una etapa muy particular en el mundo de la afición deportiva a través de la historia. No solo que pueden disfrutar del juego de sus ídolos. Los pueden “reproducir”, generando una conexión casi existencial con ellos. El aficionado-jugador de videojuegos de la actualidad, sabe mucho más que sus mayores de tácticas, esquemas, detalles y aproximación a jugadores, porque los videojuegos les brindan una cantidad de información y de estructuras que los obligan a adentrarse, desde la realidad virtual, en las complejidades que conllevan los deportes en la actualidad. Lo realmente impresionante de las nuevas tecnologías es que el nivel de reproducción es casi exacto, con detalles que permiten crear una realidad virtual que bien podría vivirse tal como se vive físicamente en todo el abanico deportivo.

El mundo virtual puede alcanzar la perfección las veces que uno lo desee. En los videojuegos se pueden elevar las capacidades técnicas de los deportistas hasta llevarlos al tope de sus posibilidades. El resultado son súper deportistas virtuales, casi perfectos, sensibles a lo que la visión de 360 grados de un jugador de Playstation puede producir por efectos del dominio de los trucos, santos y señas de las consolas.

Eso es lo que vuelve aún más especiales a ídolos de la talla de Lionel Messi. Para toda una generación de aficionados, el argentino no es solo un superdotado. En la realidad de los partidos de la Liga española o la Champions League a veces luce mejor que su mejor versión de videojuego. La velocidad de lo que hace y lo fácil que pareciera ser, en ocasiones supera los límites de la imaginación que se programan computacionalmente. A más de un jugador profesional, director técnico o simple fanático, la comparación entre el Messi real y el virtual lo han dejado sin habla y con la idea de reproducir lo que el argentino acabara de inventar.

Esa fue la impronta que dejaron en el aire los dos goles que le anotó la semana pasada al Betis, y es la misma que produce la asiduidad del argentino para anotar uno, dos o tres goles por partido, hasta acumular 86 en 2012, con un promedio de ¡1.3 goles por encuentro! No se trata de una simple acumulación anotadora. A ello se suma la belleza con la que el nacido en Rosario plasma sus virtudes excepcionales cuando infla las redes. Cada anotación fue un recordatorio de que la realidad puede superar cualquier espacio virtual. Por eso los aficionados de ahora, a diferencia de los que vivieron junto a Di Stéfano, Pelé o Maradona, se maravillan de manera distinta. La frontera del ciberespacio, de la realidad expresada en récords y la fantasía que no conoce límites, son traspasadas cada tanto por la imaginación de Lionel, en la que es, nunca mejor dicho, su era.

1 Comentario el En la era de Messi

  1. Desarrollo Democracia // sábado 15 de diciembre de 2012 en 12:21 //

    Para mi también Messi es el mejor del mundo, sin desmerecer a Pelé o Maradona me quedó con Messi. Cristiano Ronaldo es otro super dotado pero desde mi perspectiva Messi es un jugador completo en el manejo de los espacios, tiempos y velocidad. Las épocas son distintas y la marca que tenía Pelé o Maradona es muy distinta al pressing que hoy en día se maneja y Messi rompe todo esquema y hace ver al fútbol muy simple, cuando en realidad no lo es.

    Sin embargo, estaremos gustosos de recibir el próximo año a Argentina en las eliminatorias y acá tenemos a un Antonio Valencia que pone a temblar a cualquier defensa. Con todo y Messi, Ecuador se impondrá ante los gauchos.

Los comentarios están cerrados.