Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Espíritu de cuerpo

Gustavo Domínguez
Quito, Ecuador

La ley de comunicación recientemente aprobada por la Asamblea Nacional ha generado una serie de reacciones, posiciones y opiniones a nivel internacional, que realmente me ha sorprendido como ecuatoriano. Localmente hablando, la gran mayoría de ecuatorianos mira con cierto beneplácito la aprobación de esta ley, que lamentablemente ha sido negativamente manchada por faltas infantiles en el proceso final de su aprobación. La ley es perfectible, requiere de correcciones menores, pero el espíritu de la misma, además de revolucionaria, asfalta el camino a cambios impensados dentro del poderoso mundo de la empresa privada de la comunicación.

Gustavo Domínguez
Quito, Ecuador


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La ley de comunicación recientemente aprobada por la Asamblea Nacional ha generado una serie de reacciones, posiciones y opiniones a nivel internacional, que realmente me ha sorprendido como ecuatoriano.

Localmente hablando, la gran mayoría de ecuatorianos mira con cierto beneplácito la aprobación de esta ley, que lamentablemente ha sido negativamente manchada por faltas infantiles en el proceso final de su aprobación. La ley es perfectible, requiere de correcciones menores, pero el espíritu de la misma, además de revolucionaria, asfalta el camino a cambios impensados dentro del poderoso mundo de la empresa privada de la comunicación.

Creo que esta ley tendrá efectos regionales, y servirá de semilla para que tímidos sectores periodísticos, culturales y artísticos de la región, tomen como ejemplo a la controvertida ley ecuatoriana, que no dudo que con cambios menores entrará en vigencia muy prontamente.

No es mi intención en este escrito hacer un análisis más profundo de la ley de comunicación, pero creo necesario como ecuatoriano, en este día, relativo al día mundial de los refugiados, referirme a la generosidad del pueblo y del gobierno ecuatoriano, que  según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur),  reporta al menos 55.249 de ellos viviendo legalmente en Ecuador y de los cuales por lo menos 54.144 son de nacionalidad colombiana. Estos números, hacen solamente referencia a los legalmente registrados, y se estima que para ofrecer a este importante grupo las mínimas condiciones de una vida digna, el pueblo ecuatoriano destina varias decenas de millones de dólares para su atención.

Es por eso, que el espíritu de cuerpo de la Asociación Colombiana de Editores de Diarios y Medios Informativos, que inusualmente unió a medio centenar de diarios para con un mismo editorial protestar y emitir su punto de vista sobre la eminente aprobación de una ley de comunicación a punto de ser aprobada por la Asamblea de sus vecinos del sur, es lo que más me ha impactado de manera negativa entre todas las reacciones de la comunidad internacional.

Esa misma asociación periodística, que reclama el derecho y la libertad de opinar sobre cualquier tema, ha optado por ignorar de forma endémica su obligación de informar, protestar y elevar su voz de manera unísona, en nombre de los mayormente ignorados por el estado, las empresas periodísticas e instituciones democráticas colombianas: los desplazados a territorio ecuatoriano, los sin voz, los que huyen por simplemente sobrevivir, sin poder exigir a nadie que se respeten sus derechos humanos, y a quienes los ecuatorianos acogemos con todos los sacrificios sociales de un país, que ha tenido por distintas razones, la pena de ver emigrar a un número inmenso de sus compatriotas.

Como ecuatoriano, considero que el sacrificio de publicar un solo editorial en 50 diarios, hubiera sido mayormente apreciado si se lo hubiera dedicado a ayudar a esos  miles de refugiados colombianos que hoy han sido nuevamente ignorados por esa asociación de editores de diarios. La inmensa mayoría de colombianos ignora que existen casi 55.000 de sus compatriotas refugiados en nuestro país, otorgándole a Ecuador el extraño record de ser el país que acoge al mayor número de refugiados a nivel mundial.

Ese es justamente el principio de lo que se considera linchamiento, utilizar el espíritu de cuerpo institucional para defender intereses grupales  y pecados de colegas, atacando en conjunto a todo y a todos quienes pueden afectar intereses o alterar el ejercicio de un poder incuestionado.

Es necesario entender que la defensa a la libertad de expresión no solo tiene un bando, tiene muchos tentáculos que deben moverse en beneficio de un bien común, fundamento democrático que  obliga a todos los sectores a respetar para exigir ser respetados.

@gusdominguezm